El Movimiento de la Resistencia Islámica (HAMAS) y la Yihad Islámica informaron ayer al primer ministro de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Ahmed Qorei (Abu Alá), que no participarán en su Gobierno aunque, aseguraron, tampoco le pondrán trabas.
"No pondremos obstáculos a la ANP, pero rechazamos participar en un Ejecutivo que es resultado y actúa bajo el techo de los Acuerdos de Oslo y la Hoja de Ruta, que repudiamos", dijo una fuente de la Yihad Islámica en Gaza.
Abú Alá celebró ayer en esta ciudad una ronda de contactos con todas las facciones palestinas para decidir la composición de su nuevo Gobierno y la política de pacificación que ofrecerá a Israel, basada en principio en un alto el fuego general, es decir con todas las partes comprometidas.
En el anterior alto el fuego, gestionado por el ex primer ministro palestino Abu Mazen, sólo tomaron parte los grupos palestinos armados, mientras que Israel se limitó a suspender su política de asesinatos selectivos como gesto hacia EU.
Mohamed Al-Hindi, uno de los dirigentes de la Yihad, confirmó que no participará en el gobierno de Qorei y dijo que los contactos con la ANP con ese fin han concluido.
Por el contrario, Ismail Haníe, dirigente del HAMAS, no cerró la puerta completamente y aseguró que el diálogo continuará, aunque no precisó con qué fin.
En la reunión, Qorei destacó ante sus interlocutores la importancia "de mostrar una posición unida y consensuada, en particular en estos momentos críticos" para la zona.
Por otro lado, un desfile de personalidades mundiales desde Bill Clinton y Mijaíl Gorbachov hasta la actriz estadounidense Kathleen Turner, participaron ayer en Tel Aviv en la celebración del 80vo. cumpleaños de Shimon Peres, el estadista israelí que forjó los acuerdos de paz con los palestinos.
La extraordinaria lista de invitados refleja la apreciación mundial por los esfuerzos que desplegó Peres para una Nuevo Medio Oriente"" el título de su libro publicado en 1995 que fue descartado por muchos por considerarlo una utopía y la nostalgia por los días antes de que fracasara el proceso de paz.
Pero los detractores calificaron la celebración de extravagante, destacando el alto costo y el trastorno general que ocasiona, en momentos en que los combates continúan.