Los castrati eran las estrellas de la música en el siglo XIX. Pero, como muestra una nueva exposición en Londres, la suya es una historia con paralelos modernos.
Tienen una apariencia bastante inocente en los estantes de la muestra, como un par de tijeras de podar. Pero estos "castratori" eran los instrumentos que se usaban para castrar a los niños, quienes estaban haciendo un sacrificio irreversible a cambio de carreras como cantantes.
Ésta era la incómoda ruta al estrellato que tomaban miles de familias pobre que deseaban que sus hijos se convirtiesen en estrellas musicales ricas y famosas.
En la Italia del siglo XVII y XVIII, cerca de 4,000 niños, de ocho años o más, eran castrados cada año con el objetivo de hacer una fortuna trabajando como cantantes de ópera o solistas con coros en iglesias y palacios reales.
La voz del castrato era adorada por su combinación de altos tonos y poder: la irrompible voz era capaz de llegar a los tonos más altos, pero emitidos con la potencia de un hombre adulto.
Los compositores se entusiasmaban con las posibilidades más complejas que ofrecían estas voces, y los amantes de la música transformaron a estos exóticos personajes en los ídolos populares de la época.