Niños de la guerra, unos 11,000 en total, y de ellos 112 han contado sus historias en el informe "Aprenderás a no llorar: niños combatientes en Colombia", presentado en Bogotá por la organización Human Rights Watch (HRW).
Johnny, de 15 años, es uno de esos miles de niños arrebatados en muchos casos de sus hogares y de sus juguetes infantiles y obligados a acompañar a guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y a empuñar las armas. "Si no me iba con ellos, me mataban. Me forzaron a unirme. Me dijeron que era por tres meses, luego me soltarían y me dejarían en la casa", recuerda.
Soria se incorporó al ELN antes de cumplir 16 años. "Lloraba y lloraba. Era indisciplinada. Me violó como castigo", dijo de un comandante que la ultrajó menos de dos semanas después de llegar al campamento rebelde.
Una ex guerrillera de las FARC, identificada como Adriana, contó: "siete semanas después de que yo llegué, hubo un combate. Estaba muy asustada. Era un ataque contra los paras y matamos como a siete. Ellos nos mataron a uno. Teníamos que tomarnos su sangre para conquistar el miedo. Sólo los que estaban a asustados tenían que hacerlo, y yo era la más asustada de todos".
Argumentó que la intención de que se establezcan tres pilares es para que aquéllos que tienen ingresos superiores a los B/.2 mil capitalicen en el sector privado. "Si eso no es privatización cómo se llama", cuestionó Mena y enumeró como modalidades de privatización la concepción de servicios, la creación de pilares y "a eso nos oponemos".