El grupo chií Hizbulá retiró a sus milicianos de las calles de Beirut, después de un día frenético en el que el Ejército frenó las medidas del Gobierno libanés que habían motivado que la oposición tomase la capital.
Los acontecimientos se sucedieron a toda velocidad a lo largo de la jornada y dejaron un panorama mucho más alejado del fantasma de la guerra civil, pero que todavía presenta muchas incógnitas.
Además, el número de muertos no dejó de crecer a lo largo de todo el día, principalmente en el norte del Líbano, donde 12 personas fallecieron en una refriega en la ciudad de Halba entre seguidores de la Corriente de Futuro, de la mayoría anti-siria, y del Partido Nacional Social Sirio.
Según fuentes policiales, desde el pasado jueves han muerto unas 35 personas en los choques y otras 113 han resultado heridas.
Lo que había comenzado siendo una jornada de relativa calma en el Líbano derivó en un vertiginoso "efecto dominó" a raíz del discurso a la nación del primer ministro, Fuad Siniora.