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Hombres evitan bodas por falta de recursos económicos

La larga lista de tradiciones en Mauritania, asociadas al matrimonio, es un fuerte golpe a los bolsillos del prometido, quien debe costear los excesivos jolgorios.


La larga lista de tradiciones asociadas al matrimonio en Mauritania, la mayoría de las cuales corren a expensas del prometido, ha conseguido que en un país donde el salario medio no supera los 100 euros, dos de cada tres hombres eviten comprometerse por falta de medios.

El coste de los fastos queda lejos de los 2,5 euros que la "sharía" (ley islámica) establece como mínimo en el pago de la dote para la futura esposa e incluye desde los preparativos del matrimonio, hasta los regalos posteriores que se hacen a la familia política.

La presidenta de la ONG Sahel para la inserción y el desarrollo de mujeres y niños, Fatma Mint Denat, explicó que el primer golpe a los bolsillos del prometido comienza en la pedida de mano, en la que el joven entrega a los futuros suegros una media de 500.000 uguiyas (unos 1.400 euros).

A esa cantidad hay que sumarle otra que puede alcanzar los 5,600 euros cuando la ceremonia ha concluido, y que va acompañada de la larga lista de obsequios que se le hace a la novia para su incorporación a su nueva vida: desde vestidos, bolsos y zapatos, hasta relojes y productos de belleza.

La recepción con la que el novio agasaja a sus amigos ese mismo día y la fiesta que se celebra las tres noches siguientes también contribuyen a reducir la cuenta bancaria del esposo, que paga desde el alquiler del apartamento de la gala hasta el maquillaje y peluquería de su amada.

A esas alturas de los festejos, la sangría económica no ha finalizado.

 

Una semana después de la boda, la mujer invita a su círculo de amigas a una sesión de belleza integral financiada por el joven, cuya generosidad obligada no parece servir de inspiración al resto de mauritanos casaderos.

Según la presidenta de la Asociación de Mujeres Cabeza de Familia, Aminetu Mint el Moctar, dos tercios de los hombres mauritanos en edad casadera rechazan comprometerse al no poder afrontar esos gastos "exorbitantes".

Que los padres de la novia colaboren en parte del dispendio no parece consuelo suficiente.

 

A partir de la llegada de la pareja al nuevo hogar, son los suegros quienes costean el mobiliario de la casa, y quienes entregan a los padres y tíos del joven otra lista de regalos, que incluyen ropa y dinero.

Pero iniciada ya la vida matrimonial, de nuevo es el marido quien se hace cargo de los gastos en las principales fiestas nacionales y religiosas, como la del Aid el Kebir o Fiesta del Sacrificio, en la que de los bolsillos del hombre sale el cordero que se envía a padres y suegros.

La búsqueda de alternativas está a la orden del día. Buh Uld Iselmu, soltero de 35 años, que gana unos 380 euros mensuales como profesor pluriempleado, no descarta casarse con una joven de la secta de los "duat" (predicadores), que viven en una austeridad extrema y consideran que el único gasto necesario en el matrimonio son los 2,5 euros de dote fijados por la "sharía".


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551015
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América