En el Hospital Escuela de Tegucigalpa, no hay jeringas ni gasa ni remedios. Tampoco hay sangre, no por falta de donantes, sino porque no cuentan con los recursos básicos para prepararla y mantenerla.
"Este es un hospital de guerra", dice el director de Asistencia Médica, Octavio Alvarenga, durante un recorrido con BBC Mundo por las salas del centro asistencial.
Además de la falta de recursos, se ha sumado a la crisis hospitalaria un brote de dengue que mantiene a la capital hondureña en alerta roja. Un promedio de 13 niños infectados llegan cada día a este hospital, el más grande del país.
Uno de ellos es Elvis, un pequeño de ocho años que intenta recuperarse de la enfermedad en una de las pocas camillas disponibles en la sección de pediatría.
Le pregunto si tiene ganas de volver a la escuela pronto, pero Elvis me dice que ya se acabaron las clases. ¿Cómo, si recién comienza noviembre? "Es que han cerrado las escuelas por las elecciones", me dice la madre.
Muchos niños perdieron clases producto de una de las peores crisis políticas en Centroamérica en los últimos veinte años.
Inseguridad en las calles.Aunque sólo viven 7,8 millones de personas en Honduras, este país es uno de los más peligrosos de la región.
Aquí mueren 14 individuos al día en incidentes violentos, y la pobreza afecta al 70% de la población. No hay trabajo, las donaciones internacionales quedaron paralizadas después del golpe de Estado el 28 de junio y, para empeorar las cosas, las remesas provenientes de Estados Unidos, principal fuente de ingreso del país, han bajado a niveles históricos.
Casi cada hondureño tiene alguna historia brutal que contar sobre la inseguridad en el país. Abunda la delincuencia común, pero también las maras, pandillas ilegales que cobran un "impuesto de guerra" en distintas zonas del país. Y el que no lo paga, se arriesga a que lo asesinen, como le ocurrió hace dos días al presidente de una asociación de taxistas.
Cansados de todo.La mayoría de los hondureños están hartos del conflicto. Conversando con gente en la calle, en el hospital, en el billar, en la parada de autobús, casi todos coinciden en que al final, cualquiera sea el resultado de las negociaciones internacionales, los pobres siguen siendo pobres.
"Estamos cansados de todo esto", dijo Marta, "ya ni siquiera vamos a ir a votar, que ellos hagan lo que quieran".
Con ese telón de fondo, el pasado viernes el Departamento de Estado estadounidense declaró su "decepción" por el fracaso del diálogo en Honduras e instó a las dos partes en conflicto a volver a las negociaciones para establecer un gobierno de unidad.
Como si fuera una telenovela que nunca llega a su fin, las negociaciones siguen en curso, tratando de encontrar una salida a este conflicto que ha afectado gravemente las condiciones de vida de los hondureños.
Sin voluntad.El presidente de Costa Rica, Óscar Arias, afirmó hoy que el Gobierno de facto de Honduras nunca tuvo la voluntad de solucionar la crisis política derivada del golpe de Estado del pasado 28 de junio contra el mandatario Manuel Zelaya.
"Nunca encontramos la voluntad en el Gobierno de facto para cumplir lo que originalmente fue el acuerdo de San José y después el acuerdo Tegucigalpa-San José", declaró a los periodistas Arias, quien fuera mediador en la crisis política hondureña.
El gobernante de facto hondureño, Roberto Micheletti, constituyó en la noche del jueves un autodenominado Gobierno de Unidad Nacional para guiar el proceso de normalización institucional, pero encabezado por él mismo y sin representantes de Zelaya.
Sobre las decisiones de Micheletti, Arias dijo: "No me sorprendo, porque la misma inflexibilidad que encontré en las pláticas aquí, en San José, es la que hemos encontrado en Tegucigalpa cuando se abrió el diálogo entre las dos partes".