La Procuraduría General de la República (PGR) confirmó ayer que un hondureño también sobrevivió, junto a un ecuatoriano, a la masacre de 72 migrantes en el estado norteño de Tamaulipas.
El vocero de la PGR, Ricardo Nájera, informó que el hondureño sobreviviente se encuentra bajo custodia de las autoridades mexicanas y ha aportado “información importante” para la investigación de la masacre ejecutada presuntamente por un cartel de drogas.
Señaló que el Gobierno, por motivos de seguridad, no había informado sobre la existencia del segundo sobreviviente .
El presidente ecuatoriano Rafael Correa fue el primero en revelar que un hondureño también había sobrevivido.
El canciller hondureño, Mario Canahuati, dijo que Correa actuó en forma “irresponsable” al divulgar la existencia del otro sobreviviente cuya identidad se desconoce.
“La información la tenemos desde un principio y hacemos todo lo posible para proteger la vida del sobreviviente y la de su familia... y su situación es extremadamente delicada, aunque él está sano y salvo, y protegido por las autoridades mexicanas”.
“Hemos hablado con él (el sobreviviente)... y él dice estar en riesgo y temer por su vida”.
El vocero de la Procuraduría afirmó que el hondureño “está ofreciendo información importante y que la misma se está corroborando”.
Añadió que no está lesionado, aunque dijo no tener detalles sobre la manera en que habría escapado de la masacre. Tampoco reveló la ubicación del sobreviviente.
Dolor.Honduras recibió con dolor los cadáveres de 16 hondureños asesinados en la matanza de 72 inmigrantes en México, el pasado 22 de agosto.
En el acto de recepción de los cadáveres, el presidente Porfirio Lobo, acompañado de su esposa, Rosa, calificó de “inmensa tragedia” para Honduras la muerte de los hondureños y expresó en un breve mensaje a los familiares de las víctimas, las condolencias y solidaridad en nombre de la población y de su Gobierno.
Tras ser bajados del avión, los ataúdes grises fueron colocados en un extremo de la base aérea, donde eran esperados por decenas de familiares, entre padres, hermanos, hijos, amigos y representantes de agrupaciones religiosas, entre otros.
Cada caja mortuoria venía identificada con un número y el nombre de la víctima, más el mensaje bíblico: “Dios es más grande que nuestros problemas”.