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Hussein, vivo o muerto, cumplió 66 años ayer


En los últimos 24 años, cada 28 de abril era como a un día de fiesta nacional en Tikrit: las calles se engalanaban y en los muros aparecían mensajes de felicitación para el presidente Sadam Hussein, nacido en esta fecha.
Este año, sin embargo, la efeméride ha pasado de puntillas en la localidad natal del derrocado dictador, donde reinan el rumor y la incertidumbre: nadie conoce cuál ha sido su destino. Algunos creen que esté vivo, y callan por temor a que un día regrese y a que sus sicarios, todavía numerosos en la ciudad, les señalen con el dedo y ejecuten las represalias.
Otros susurran su alegría por la presunta muerte del tirano, al tiempo que reclaman la salida de las tropas norteamericanas, que todavía buscan la figura de Sadam entre los escombros repartidos por todo el país.
"Hay quienes dicen que lo vieron atravesar la ciudad en un coche, camino hacia la carretera que lleva a Siria, pero yo personalmente creo que murió en Bagdad. Sólo Alá lo sabe", decía pocos días después de su desaparición, Abbas al-Hauari, comerciante de telas en Tikrit.
Pero la influencia de Hussein, nacido en 1937 en esta pequeña ciudad situada a unos 160 kilómetros al norte de Bagdad, es todavía palpable en Tikrit: varias decenas de sus seguidores salieron ayer a las calles y se manifestaron en sus favor.
En Bagdad, donde Estados Unidos trata de formar un nuevo gobierno iraquí, ciudadanos anónimos repartieron panfletos con la efigie del dictador y una frase en la que se le describía como "el orgullo de Irak".


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117062
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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