La beatificación de los mártires indígenas Juan Bautista y Jacinto de los Angeles se produce en momentos en que la Iglesia católica intenta detener la deserción de fieles en el sur de México, atraídos por otras religiones.
El Papa Juan Pablo II beatificará a los mártires de Cajonos, en el estado de Oaxaca, el 1 de agosto, un día después de la canonización de Juan Diego, el indio al que según la fe católica se apareció la Virgen de Guadalupe, por la que todos los mexicanos sienten una devoción especial.
El experto oaxaqueño en asuntos indígenas, Juan de Dios Gómez, considera que la beatificación es apenas un pretexto para contrarrestar la proliferación de nuevas religiones y ritos en toda la región "tras la decadencia de la Iglesia católica en los últimos cuarenta años".
Según Gómez, los evangélicos ganaron terreno de forma paulatina gracias a la arrogancia de los católicos y conformaron grandes comunidades que adquirieron poder y mantienen constantes conflictos con los católicos tradicionales.
Además de los evangélicos, también han llegado al sur del país practicantes musulmanes y budistas, y fanáticos de sectas y religiones que se han beneficiado de las condiciones de marginación, pobreza y desesperanza en las que vive la mayoría de la población indígena.
Una gran bandera blanca y amarilla de El Vaticano ondea en lo alto de la Catedral de Guatemala en espera del Papa Juan Pablo II, que iniciará el lunes una visita a la nación más poblada de Centroamérica.
Abajo, la bulliciosa plaza principal, que cada domingo alberga predicadores protestantes y espectáculos musicales de iglesias evangélicas, parece prepararse para la llegada del Pontífice.
"Llegaré al cielo, llegaré al cielo", canta en un micrófono una indígena maya adolescente con lágrimas que corren por sus mejillas, acompañada por una banda de música tropical.
Guatemala es predominantemente católica. Sin embargo, un creciente número de personas en este país con 12 millones de habitantes está abandonando la Iglesia Católica para unirse a cultos evangélicos que consideran más liberadores y que satisfacen sus necesidades espirituales.