El gobernador de Nueva York Eliot Spitzer confirmó ayer que había dado marcha atrás en su plan de otorgar licencias de conducir a inmigrantes indocumentados, pero denunció que el gobierno federal "ha perdido el control" de las fronteras y obligaba a los gobiernos regionales a cargar con las consecuencias.
El plan había sido presentado como una manera de mejorar la seguridad local, evitar accidentes viales y hacer que los inmigrantes indocumentados pudiesen "salir de la penumbra".
Los opositores, sin embargo, denunciaron que estas licencias darían a un potencial terrorista un documento válido.
El gobernador Spitzer intentó salvar el plan tras llegar a un acuerdo con el Departamento de Seguridad Interior a fin de crear tres tipos distintos de licencias de conducir: una "mejorada", que sería tan segura como un pasaporte; otra para abordar aviones, y la tercera marcada no válida para propósitos federales que estaría a disposición de indocumentados y de otras personas.