Las cárceles son auténticas "incubadoras" y "diseminadoras" del sida en numerosos países, debido a prácticas de riesgo, advirtieron expertos de Naciones Unidas, que exigen un cambio en las políticas nacionales.
El consumo de drogas con jeringuillas usadas, los tatuajes y "piercings" realizados sin las mínimas condiciones higiénicas, así como las relaciones sexuales sin protección son algunas de las causas de que la prevalencia del sida y la tuberculosis en las prisiones sea mucho mayor al resto de la sociedad.
En todo el mundo hay unos 30 millones de encarcelados, que tienen una tasa de prevalencia del sida superior en entre 1,5 y 50 puntos porcentuales al resto de la sociedad.
"Las prisiones suponen una tormenta perfecta para una larga lista de asuntos sanitarios", explicó Andrew Bell, experto del departamento de VIH de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la Conferencia Internacional SIDA 2010, que se celebra en Viena hasta el viernes.
El experto aseguró que las prisiones acogen a personas que por su situación personal, ya sea por la marginación o su exposición a las drogas, tienen "un riesgo especial de tener sida, tuberculosis o hepatitis", pero frecuentemente carecen de la apropiada atención sanitaria.