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Indígenas, los más olvidados, votan sin esperanza


"Toditos son unos ladrones, llegan al gobierno y se llevan la plata en costales y nosotros sufriendo. Si no trabajamos, nos morimos", exclamó doña Rosa Caiza, una indígena de 49 años, que, como el resto de los aborígenes, votó sin ninguna esperanza ayer en los comicios generales de Ecuador.
Ataviada con su traje tradicional, un anaco azul (falda) y una blusa blanca, doña Rosa, de cuyo cuello colgaban unos vistosas guhualcas (collares), se apostó en la acera del colegio Mejía para, luego de emitir su voto.
"Ni uno, ni otro es bueno. Ninguno ayuda a los pobres, a nosotros los indígenas, sólo a los ricos. Por eso ya no creemos en nadie. Solo trabajando podemos sacar algo para medio vivir", manifestó la mujer, quien dijo haber votado nulo en todas las papeletas.
Hace unos tres años que emigró de Latacunga, una población andina ubicada unos 80 km al sur de Quito, en busca de trabajo para alimentar a sus ocho hijos, debido a que en el campo "la situación estaba muy dura".
Protagonistas del derrocamiento del ex presidente democristiano, Jamil Mahuad, en enero de 2000, y de un levantamiento que puso a temblar al actual gobierno de Gustavo Noboa un año después, los indígenas ecuatorianos acudieron a las urnas desilusionados y divididos.
"Yo estuve peleando en los levantamientos y qué fue lo que saqué: nada. Ahora estamos peor con el dólar", contó la indígena, al referirse a la dolarización de la economía.


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110600
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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