Bélgica despertó ayer aún más dividida y sumida en la incertidumbre tras la histórica victoria del partido nacionalista flamenco (N-VA), partidario de la independencia de Flandes, en un momento de importante crisis económica y a menos de tres semanas de asumir la presidencia rotatoria de la UE.
Las elecciones generales anticipadas celebradas confirmaron el triunfo en el norte del país de la derecha nacionalista (N-VA), que logró 27 escaños en la Cámara, de un total de 150, mientras que en Valonia (sur francófono) el Partido Socialista (PS) logró el primer puesto (obtendría 26 escaños en la Cámara federal, 6 más que la actualidad).
Los grandes perdedores de estas elecciones fueron los liberales tanto flamencos (Open VLD) como francófonos (MR), que vieron retroceder sus posiciones en todo el país y probablemente quedarán fuera de la futura coalición gubernamental.
Los medios belgas hablan ayer del "tsunami" provocado por la victoria del N-VA para describir el efecto cuanto menos inquietante de este resultado de cara al futuro y a la unidad del país.