El representante especial de la ONU para Afganistán, el argelino Lakhdar Brahimi, advirtió ayer que la falta de seguridad está frenando la recuperación del país y amenaza el mantenimiento de la paz y la estabilidad.
"La inseguridad proyecta una larga sombra sobre todo el proceso de paz, y por supuesto, sobre todo el futuro de Afganistán, ya que continua siendo inestable e insuficiente", dijo ayer Brahimi ante el Consejo de Seguridad de la ONU, al que presentó un informe sobre el país.
La falta de seguridad está poniendo obstáculos a cuestiones tan importantes como la celebración de las elecciones, la integración de la mujer en la sociedad, el retorno de refugiados, e incluso la normalización de las instituciones.
222 Para realizar las elecciones se necesitan 80 millones de dólares, por lo que se pide la ayuda de los países donantes.
"La rivalidad entre facciones y caudillos locales, la impunidad en la violación de los derechos humanos, y el hostigamiento diario a ciudadanos afganos y a las fuerzas de seguridad locales, siguen siendo elementos comunes" en la vida diaria, expresó.
Uno de los temas en los que hizo hincapié es la proliferación de minas antipersonales que hay enterradas en Afganistán, y que convierten a este país en el más contaminado del mundo con este tipo de armamento.
Otra de las amenazas más importantes para la seguridad en Afganistán es, según explicó, los constantes ataques al Gobierno central por fuerzas presuntamente asociadas a los talibanes, a Al Qaeda y al caudillo tribal afgano Gulbuddin Hekmatyar, jefe de la milicia Hezb-i-Islami.
Una de las consecuencias de la falta de seguridad en muchas de las ciudades, pueblos y carreteras del país es la incapacidad para avanzar en la preparación de unas elecciones democráticas. A ello se une la incapacidad financiera de asumir el costo extraordinario que supone un proceso electoral, agregó el enviado especial.