La desconfianza hacia las fuerzas de seguridad, la sensación de desamparo y un enardecido sentido de comunidad condujeron a centenares de moradores de un pueblo del central Estado de México a linchar brutalmente a dos secuestradores.
En Atlatongo, de unos 5,000 habitantes, todo parecía en calma en su plaza central, donde apenas un día antes una turba de 600 personas acabaron, golpe a golpe, con la vida de dos presuntos secuestradores del joven Ezequiel Flores, un hombre y una mujer, y dejaron malherido a un tercero.
Octavio Ramírez, de 31 años y originario del sureño estado de Guerrero, y Nallely Pérez, ya estaban al borde de la muerte.
Ella perdió la vida de camino al hospital y él en la misma glorieta.
Solo una botella rota y unas piedras levantadas utilizaron los moradores cuando los antimotines les lanzaron gases lacrimógenos para disolver la turba y sacar a los criminales.
Hecho
El joven secuestrado fue hallado con vida y en buen estado de salud.
Contó a la autoridad que una cuarta persona implicada en el suceso lo abandonó en una carretera, y ya reconoció a los tres sospechosos del crimen ante la Fiscalía.