Audacia, inteligencia y empuje son los motores en la vida de la próxima Primera Dama de Estados Unidos.
Michelle LaVaughn Robinson, nacida en un barrio pobre de Chicago, tuvo una infancia estable, a diferencia de su esposo.
Sus padres Fraser y Marian (uno empleado de la planta de agua de la ciudad y la otra secretaria) le dieron a ella y su hermano Craig, una crianza sólida. Cuando hacían alguna travesura, el padre nunca levantaba la voz, pero les decía "estoy desilusionado". Esas eran las palabras que más temían quienes terminaron estudiando en Princeton, una de las universidades más prestigiosas de EE.UU.
Michelle estudió sociología y cultura afroamericana. En 1980, realizó una tesis sobre cómo los estudiantes negros deseosos de entrar en un mundo blanco podían mantenerse apegados a su cultura y raíces. Posteriormente, se graduó en Derecho en Harvard.
Barack Obama la conoció cuando ella ocupaba un alto puesto en una prestigiosa oficina de abogados en Chicago. Él, a pesar de que era un becario, la invitó a salir varias veces hasta que ella aceptó.
Se casaron en 1992, porque, según admitió Michelle, le robó el corazón la manera en que él "conecta con la gente".
Es Vicepresidenta de Relaciones Externas del Hospital de Chicago, donde trabaja medio tiempo y nuevamente comenzó a ganar un gran sueldo: 275,000 dólares al año, casi el doble que el sueldo de su marido.
La familia primero.
La comparan por su inteligencia y empuje con Hillary Clinton; le adjudican la sencillez de Laura Bush, y la elegancia de Jacqueline Kennedy.
Pero ella se siente orgullosa de ser, ante todo, una madre y esposa abnegada. La familia seguirá siendo su prioridad y lo demostró en tiempos de campaña.