UN HOMBRE con problemas psíquicos y que ya estuvo ingresado en un manicomio por asesinar al alcalde de su pueblo, mantuvo en vilo a la opinión pública durante dos horas y medias, tras saltar la barandilla de la balconada de la cúpula de la Basílica de San Pedro y amenazar con suicidarse.
En un rápida acción de los bomberos, uno de ellos saltó la barandilla y logró bloquear a Rino Santilli, de 46 años, natural de la provincia central italiana de LAquila, que amenazaba con suicidarse si no le garantizaban fondos para abrir un orfanato.
El hecho ocurrió pocas horas antes de que se celebre en la basílica de San Pedro del Vaticano la Vigilia Pascual.
Según ha contado su madre, que lo reconoció al verlo por televisión, el hombre partió en la mañana en tren desde su pueblo, Roccacasale, en la provincia de LAquila, a un centenar de kilómetros de Roma, con destino a la capital.
Santilli, al parecer, no contó a nadie cuales eran sus intenciones.
A media mañana llegó a Roma y se trasladó al Vaticano. A las dos y media de la tarde local (13.30 GMT) el hombre logró subir a la cúpula, llena de turistas, como todo el Vaticano en estos días, y amenazaba con lanzarse desde una altura de 132 metros.
El hombre, según fuentes vaticanas, exigió que se entregara una carta al Papa, en la que, al parecer, exigía fondos para construir un orfanato para niños pobres.
Según fuentes de los bomberos, el hombre pretendía con su gesto sólo llamar la atención y prueba de ello es que aceptó atarse con una cuerda que le lanzaron los bomberos antes de que éstos lograran bloquearle y ponerle a salvo.
Así que aquel sábado de febrero del 2003, cuando su sobrino llegó hasta la casa, Berta y Macedonia, esa amiga-hermana de toda la vida, suspendieron la conversación que desarrollaban, y después que su sobrino les anunció que "Onésima llegó esta madrugada a Panamá y mañana, a la diez de la mañana, estará aquí con Usted" Berta pasó de la sorpresa a la intriga.
Aunque nada le impedía creer lo que su sobrino le había dicho, Berta Valencia Mosquera no salía de su asombro. Casi había perdido la esperanza de ese encuentro, 70 años después. Ciertamente era que sus Julio, Serena y Arnobio habían quedado si padre y madre muy temprano, pero ella había llenado ese vacío. Quién había llenado el de Enésima, que no pudo conocer ni a Papa, ni a Mamá, ni hermanos, ni nada?
Con los años Berta había aprendido a manejar muy bien sus emociones, a ser expresiva exactamente cuando era necesario. Su sobrino recordaba que la única vez que la había visto llorar fue durante el entierro de Pedro Bermúdez, y él que había nacido a la vida con ellos, comprendía muy bien esa emoción.
Había pasado una vida y, cuando supo que por fin podría saber cómo y quién era Onésima Victorina Mosquera, las preguntas volvieron frescas y lozanas a su cabeza. ¿Cuánto hablaremos?. Hay tantas cosas que decirse".
Chilibrillo es una de las comunidades de Chilibre que se levantan sobre la carretera de Madden, la que conduce a la represa. En una de sus veredas unas siete casas acogen a la familia Aguilar, y cuya Matriarca es Macedonia. En una de esas casa reside Berta Valencia Mosquera.
Aquel domingo de febrero de 2003 hubo más gente que de costumbre. Desde las casas de Pino, Avelino, la propia Macedonia y Amelia, Pinito y Eric, las personas se fueron reuniendo en la casa de Berta. Allí estaban también Serena, Arnobio y Julio, cuando el sobrino de Berta llegó en su tercel verde. Una de las puertas traseras se abrió, una mujer morena, delgada y entrada en años apareció ante todos. Julio la abrazó, los demás la saludaron, y Berta, que se la comía con la vista, se le acercó la tomó de la mano y le dijo: "venga hermanita".
La condujo hasta la casa, donde comenzó un encuentro por que ambas había esperado 70 años. Onésima supo cuanto se le quería, cómo se le había extrañado, y Berta le habló de los pensamientos de su madre, Rosalía. Por primera vez en la vida los cuatro hijos de esta ultima tenían la oportunidad de reunirse.
Curiosamente, mientras que en Panamá los cuatro huérfanos de Rosalía, habían logrado salir adelante, hacer familias y mantener un nivel medio de vida, Onésima en medio de la soledad que implico la muerte de su abuela y la ausencia de su madre, multiplicó la familia, convirtiéndose en tronco de una extensa prole.
Fue muy duro -dijo Rosalía- aquel día de revelaciones, tras recordar la vida dura, limitada y solitaria que debió llevar desde su niñez. Confesó sin embargo que el solo pensar que en Panamá tenía hermanos, fue una idea que la alimentó durante años.