Aunque el partido del ex gobernante está inmerso en una pugna interna, los conservadores todavía consideran a Sarkozy su mejor carta para regresar al poder en Francia. Sarkozy causa polarización en Francia: muchos veían con desconfianza los vínculos estrechos que él mantenía con los ricos y lo botaron del cargo, en tanto que sus partidarios desean que regrese porque lo consideran la única persona capaz de salvar la economía del país.
El jueves, tras 12 horas de interrogatorio por parte de un juez, el ex presidente fue nombrado testigo crucial _y posiblemente imputable_ para que responda a preguntas sobre si aceptó donativos de campaña _por sumas ilegales_ que le habría entregado la heredera de L'Oreal, Liliane Bettencourt, de 90 años.
El ex contador de Bettencourt indicó a la policía que ella entregó más de 150.000 (192.000 dólares) en efectivo que se le dijo serían entregados al tesorero de campaña de Sarkozy. En julio, un magistrado ordenó el decomiso de los diarios y agendas de Sarkozy.
La cantidad, aunque insignificante en comparación con los donativos de campaña en Estados Unidos, escandalizaron a muchos franceses porque en Francia están limitados los gastos de campaña. Las aportaciones individuales para algún candidato no deben rebasar los 4.600 euros (5.930 dólares) y ningún aspirante puede gastar más de 22 millones de euros (28 millones de dólares) en una campaña presidencial.