Irán sigue desafiante y apunta a saber a qué juega. El anuncio de las nuevas sanciones por parte de Estados Unidos, que los acusas de armar a los rebeldes chiítas en Irak, representó en política internacional un punto a favor de ellos.
Con este paso la administración del presidente estadounidense George Bush parece reconocer que no le conviene iniciar una ofensiva militar contra Irán en estos momentos. Sería uno de los grandes perdedores de darse esto.
El gobierno de Mahmud Ahmadineyad ha demostrado hasta la fecha que las sanciones no le hacen mucha mella, porque tienen dos fuentes de poder; reservas de petróleo y las armas.
La primera es que no sabe cómo será la reacción iraní y la segunda es el problema de la energía, ya que sólo América consume alrededor del 25 por ciento de la energía del mundo. En caso de un conflicto bélico en el golfo Pérsico el precio de petróleo alcanzará más de 200 dólares el barril", comentó a EFE.
La vida de las personas en la tierra norteña se encarecería casi el doble, y quizás EE.UU. tendrá que recurrir a usar más de sus reservas petrolíferas.
"La tercera razón es que América (EE.UU.) está preocupada por la situación de la entidad sionista (Israel)", añadió Safaui, mientras acusaba a Estados Unidos e Israel de ser "la fuente de la tensión y el terrorismo de Estado en todo el mundo".
Estas sanciones, afectarán a más de 20 entidades iraníes, que no podrán llevar a cabo transacciones a través del sistema financiero estadounidense.
Ante las nuevas sanciones, la repuesta del gobierno iraní es que las sanciones no tienen valor alguno, afirmó Mohammad Ali, vocero de la cancillería.
Además, aseguró que el enemigo sabe que no puede cometer error alguno, así que esas palabras son solamente exageraciones", indicó.
En cambio el Reino Unido, respalda la decisión de Washington. Abogó por que se aplique más presión contra Irán y prometió que Londres encabezará una campaña para que el Consejo de Seguridad de la ONU aplique otras sanciones contra Teherán.
Por otro lado, el presidente ruso Vladimir Putin evocó la "crisis de los misiles" que vivieron Washington y Moscú en los años 70, al criticar el plan de EE.UU. de crear un escudo militar cerca de las fronteras de Rusia.
Aunque puntualizó que una crisis como aquella ya no sería posible entre países que ahora no son enemigos sino que cooperan entre sí puntualizó Putin.