Con emoción contenida y mucha solemnidad, Isabel II de Inglaterra celebró ayer el quincuagésimo aniversario de su coronación con un servicio especial oficiado en la londinense Abadía de Westminster, donde fue proclamada Reina hace medio siglo.
Justo el 2 de junio de 1953, en un Londres que aún se recuperaba de la posguerra, Isabel II fue coronada en la imponente y casi milenaria Abadía, sin bien accedió al trono británico el 6 de febrero de 1952, tras la muerte de su padre, el rey Jorge VI.
Vestida con una pamela a juego con un elegante pero sobrio traje de color vainilla, la Reina, acompañada de su esposo, el duque de Edimburgo, revivió ayer aquel día histórico en el templo de Westminster, donde 39 reyes y reinas han sido coronados desde 1066.
En un día en que el sol se dejó ver tímidamente en Londres, Isabel II llegó a la Abadía en la limosina real y fue aclamada por miles de personas antes de acceder al templo, abarrotado por unos dos mil invitados, incluidos dieciséis miembros de la Familia Real.
Entre los asistentes a la ceremonia no faltaron el hijo mayor de la Soberana, Carlos de Inglaterra, príncipe de Gales y heredero al trono británico, ni el primogénito de éste, el príncipe Guillermo, que cumplirá 21 años a finales de junio.
Además, estuvieron presentes los otros tres hijos de Isabel II: el príncipe Andrés, duque de York; el príncipe Eduardo, conde de Wessex, acompañado por su esposa, Sophie, embarazada de su primer hijo, y la princesa Ana.
Otro de los invitados que atrajo muchas miradas fue la compañera sentimental de Carlos, Camilla Parker Bowles, que fue personalmente invitada por la Reina -un signo más de la normalización del noviazgo de su hijo-, aunque no se sentó junto al príncipe de Gales.
Entre el millar de asistentes hubo un grupo que vivió la ceremonia con especial emotividad. Fueron los llamados "bebés de la coronación", una treintena de personas que nacieron justo el 2 de junio de 1953 y ayer celebran su quincuagésimo cumpleaños.
Frente a la gran pompa y circunstancia de otros actos de la realeza, Isabel II optó por un oficio religioso sencillo para reflexionar y resaltar cuatro aspectos de su coronación: la fe, la responsabilidad, el respeto y el servicio a la Corona.
Tras un almuerzo en familia, la Reina tomó el té con 500 niños desfavorecidos, que disfrutarán de castillos hinchables y animadores infantiles, entre otras actuaciones circenses. Las celebraciones por la coronación de Isabel II culminaron con una cena que reunió a la Familia Real.