La fauna de las islas parece estar domesticada, pero el término no hace justicia a la realidad, simplemente se han adaptado a la presencia humana. Esta ausencia de miedo y agresividad de los animales, permite que los turistas se sientan en armonía con la naturaleza y puedan fotografiar a los animales a centímetros de donde se encuentran.
Para llegar a las islas Galápagos hay que contratar el viaje previamente y con meses de antelación, debido a la cantidad de turistas que atraen. Se puede hacer desde Ecuador o, en su defecto, desde cualquier país de origen del turista a través de una agencia de viajes. Los precios varían entre 300 a 600 dólares, e incluyen las tres comidas, más la cama de camarote.
El periplo puede extenderse entre tres y siete días, y recorre a partir de la isla de Santa Cruz las islas del centro, del sur o del norte del archipiélago, o, en el más completo de los tours, todas ellas. El barco se convierte en un hotel flotante donde se hace la vida diaria, excepto cuando se realizan las expediciones.
Las islas Galápagos no son exuberantes ni poseen frondosos bosques, ni palmeras y helechos como en otras islas del Pacífico, sino que la mayoría son áridas, desérticas y cubiertas de cactos. Precisamente este tipo de vegetación es la que hace que la islas tengan ese peculiar paisaje, casi lunar, que tanto difiere del que se puede esperar por pertenecer a un país donde, precisamente, la naturaleza es tan prolífica.
Las tortugas gigantes son las estrellas de la fauna de las islas, aunque la mayor parte de ellas son recuperadas en el centro de investigación Charles Darwin, ubicado en la isla de Santa Cruz, para impedir su extinción.
Las extensas playas que rodean las islas son de arena fina y color claro, y sobre sus dunas descansan impávidos los leones marinos que, en grandes grupos, nunca parecen desperezarse del todo.
También cerca de sus costas se encuentran las iguanas que, como los girasoles, se agrupan, incluso unas encima de otras, todas ellas mirando hacia donde se encuentra el sol, para conseguir la temperatura ideal y, una vez que la sobrepasan, introducirse en el mar para atenuarla.
Otro de los grandes atractivos de las islas son las aves, de las que hay una gran variedad de especies, cerca de 60 residentes que viven y se reproducen en las islas y unas 28 endémicas, únicas en el mundo, además de las aves migratorias que pasan por las islas.
Desde que Charles Darwin visitara las islas en 1835, el archipiélago se ha convertido en uno de los mayores laboratorios naturales dedicados a estudiar la evolución de las especies. A partir de los estudios que iniciara el prestigioso científico sobre la evolución del ser humano, basados en la insólita forma de la naturaleza en las Galápagos, muchos otros científicos han acudido allí a realizar sus investigaciones.
Actualmente, el Centro de Investigación Charles Darwin, en la isla de Santa Cruz, es la mayor base de operaciones científicas.
Sin embargo, no fue hasta 1959 cuando se tomó verdadera conciencia del valor ecológico y científico del archipiélago y se declaró parque nacional el 97% de sus 8,000 kilómetros cuadrados. En 1986, para proteger el mar que las rodea, se creó la Reserva Marina de las Galápagos, y la UNESCO las ha declarado patrimonio de la humanidad y reserva de la biosfera.
Islas Galápagos: Rincón escogido por la Naturaleza
A 1,000 km de las costas de Ecuador, bañadas por las aguas del Pacífico, se hallan unas espectaculares islas pobladas por las más raras especies de animales.