El estruendo de los fuegos artificiales que conmemoran la creación del Estado de Israel hace 54 años hace que los comensales salten asustados de sus asientos en un tranquilo restaurante italiano de Jerusalén, donde el miedo a nuevos atentados suicidas enturbió las celebraciones de ayer miércoles, marcadas no obstante por un patriotismo exacerbado.
El Iom Haatzmaut o Día de la Independencia, en hebreo, coincide este año con un momento de violencia terrible: gran parte de Cisjordania fue ocupada violentamente por el Ejército israelí, el presidente palestino Yasser Arafat permanece completamente aislado en Ramalá y las presiones internacionales contra la acción militar israelí en los territorios autónomos crece día tras día. Los actos oficiales del día se redujeron al máximo en Jerusalén.