Cinco candidatos, tres hombres y dos mujeres, de perfiles y antecedentes diversos, aspiran a convertirse en el próximo presidente o presidenta de Israel, en una votación parlamentaria que se vislumbra como la más disputada hasta ahora en la historia del país.
El jefe del Estado en Israel es elegido por mayoría absoluta en una elección que deciden los 120 diputados del Parlamento (Kneset), y en caso de que ninguno lo logre en una tercera ronda, entonces bastará con la mayoría simple.
El voto es secreto y el presidente, un cargo ceremonial, pero de alto valor simbólico sobre todo de cara al exterior, es elegido por un mandato de siete años y no puede ser reelegido.
Debido a la alta concurrencia de candidatos en esta ocasión y la prevista división de votos, se espera que ninguno pueda ganar en la primera ronda.
Varios ministros que apoyaron con su firma a los aspirantes para que pudieran presentar candidatura ya han advertido que no votarán por aquellos que respaldaron, algo a lo que no están obligados.
Después de que dos pesos pesados de la política israelí, como el actual ministro de Energía, Shilvan Shalom, o el extitular de Defensa Benjamín Ben Eliezer se desmarcaran de la actual liza presidencial, el terreno ha quedado abierto a los cinco candidatos que concurren hoy y que tienen algo en común: despiertan en el público una gran apatía y desafección.
Ante este panorama, el aspirante que en principio podría contar con más apoyos, según las encuestas de opinión, sería el expresidente de la Cámara Reuven Rivlin, de 74 años.