ENTRE LAS ruinas creadas por el odio y los cadáveres de casi 5,000 víctimas, nació esta semana una pequeña esperanza para israelíes y palestinos que, si es respetada los extremistas de ambas partes, puede convertirse en la base de un acuerdo de paz histórico.
Por primera vez en cuatro años, un líder palestino y otro israelí se estrecharon las manos y dijeron ante las cámaras del mundo entero que exigían que sus respectivos pueblos dejaran de lado la violencia.
Para que esa convivencia sea posible, tras más de 1,500 días de Intifada, los palestinos necesitan urgentemente un futuro digno y el Estado hebreo precisa vivir en seguridad.
Niños tirando piedras contra tanques, civiles muertos en paradas de autobuses, ciudades enteras aisladas por el ejército, cuerpos descuartizados por un obús, mujeres dando a luz en un retén o militares pasto del odio fundamentalista: éstas han sido las imágenes cotidianas de Tierra Santa en los últimos cuatro años.
Son motivos suficientemente fuertes para que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, arrancara a los grupos radicales una promesa hosca e informal de alto el fuego, y el primer ministro israelí Ariel Sharon se enfrentara a los más ortodoxos de su Estado, que estaban convencidos de poder ganar fácilmente esa guerra.
"Creo que hemos asistido a la proclamación oficial del fin de la segunda Intifada. En este momento, cualquier grupo que rompa el alto el fuego tendrá en su contra a la mayoría de la opinión palestina", declaró Ali Jarbaui, profesor de Política en la universidad de Bir Zeit, a las afueras de Ramala (Cisjordania).
En este incipiente alto el fuego, Estados Unidos, fortalecido tras las elecciones en Irak, está dispuesto a desempeñar un papel crucial de mediador y no sólo poniéndose al lado de Israel, como ha hecho hasta ahora.
Así lo manifestó la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice que se reunió con ambos dirigentes en Jerusalén y Ramala (Cisjordania) horas antes de esta cumbre, momento que aprovechó para invitar a Sharon y Abbas a la Casa Blanca.
Junto a Estados Unidos, Europa desea impulsar cuanto antes la "Hoja de Ruta", un plan de paz internacional para la región lanzado en 2003, pero que todavía no ha podido aplicarse. Con esta intención, se convocó una reunión en Londres el 1 de marzo.
Los palestinos se hallan en una situación parecida a la de 1991, dos años antes de firmarse los acuerdos de Oslo: el hastío de la violencia y la miseria extrema afecta a todos los ciudadanos.
En este contexto, Abbas fue elegido democráticamente el pasado enero para que cambie la vida de millones de personas y les dé un Estado, con menores pretensiones que las que tenía el difunto Yasser Arafat, pero sin renunciar a la recuperación de Jerusalén-este y el resto de los territorios autónomos.
Sin embargo, una hora después de la cumbre celebrada en Sharm el Sheij (Egipto) el grupo radical palestino HAMAS recordó al mandatario palestino que sólo respetará la tregua si Israel ofrece algo más a cambio.
La primera exigencia es la liberación de decenas de presos palestinos, de los casi 8,000 que pueblan las prisiones israelíes, muchos de ellos encarcelados sin cargo ni derecho a juicio en cárceles del Estado hebreo.
Israel ha prometido liberar en los días venideros a 500 de ellos y estudia el caso de otros 400.
Además, siguen estando pendientes cuestiones tan dolorosas como la continuación del muro de separación que Israel construye a lo largo de Cisjordania, las colonias de este último territorio o la falta de libertad de movimientos para los palestinos.
El jueves, la incipiente tregua fue puesta a prueba con varios disparos de mortero contra colonias en Gaza. HAMAS reivindicó este ataque, que provocó un sensible malestar de Abbas, quien acabó destituyendo a varios responsables de seguridad.
La mayoría silenciosa de israelíes y palestinos desea que este alto el fuego dure, pero en Gaza o en Tel Aviv, en Naplusa o en Haifa, se han conocido muchas esperanzas que se han desvanecido en estos 60 años de conflicto y se sabe que el futuro de los dos pueblos está plagado de desafíos.
Anoche, Abbas se reunió con responsables del movimiento radical HAMAS, indicaron fuentes palestinas concordantes.
Se reunió con dos dirigentes políticos del movimiento radical, Mahmud Zahar e Ismail Haniyé, en un lugar no precisado.
Por su parte, la Yihad Islámica en Gaza ha acatado la tregua que rige de facto en los territorios palestinos desde hace más de dos semanas y estudia su decisión final, informó la organización tras una reunión con el presidente palestino.
Agregó, en un comunicado, que respetarán la tregua hasta tomar una decisión final.
Israelíes y palestinos logran frágil tregua
Abbas presiona a los movimientos radicales para que respeten el cese del fuego.