En octubre pasado, J. Watson fue galardonado por sus estudios en la estructura genética del ser humano.
El científico dijo que le preocupaba el futuro de África.
"Todas nuestras políticas sociales se basan en el hecho de que la inteligencia de los africanos es similar a la nuestra, cuando las pruebas dicen que éste no es el caso" sostuvo en una entrevista con el diario The Times de Londres.
El debate no se hizo esperar.
El que una eminencia intelectual de la talla de James Watson se exprese en esos términos, cuando además, no hay ninguna prueba científica que avale semejante teoría, es grave porque le da un aire de legitimidad al racismo.
Poco después de soltar semejante desaguisado, Watson se disculpó, pero ya era demasiado tarde.
Parece que ahora la misma naturaleza le ha dado un jalón de orejas.
Hace poco, el profesor Watson decidió someterse a una prueba de ADN.
Resulta que este científico, que muchos ponen en la misma lista que Charles Darwin y Copérnico, tiene 16% de genes africanos en su genoma.
El promedio de los europeos tiene 1% de genes africanos. Él es también 73% europeo.
Un resultado sorprendente, dice Kari Stefansson, de CODE Genetics, el laboratorio que hizo el examen, y cuyas conclusiones fueron dadas a conocer en internet con autorización de Watson.
Y es que no se trata de algún ancestro lejano, sino que el porcentaje de genes de James Watson sugiere que debió tener un tatarabuelo africano.
Durante la ocupación romana de estas islas, los emperadores enviaban a sus generales libios o sudaneses a descansar a Escocia luego de las guerras en Europa. Y muchos tuvieron relaciones con las escocesas locales.