Además, la importancia de las pérdidas humanas y materiales generó inmediatamente debates sobre el recalentamiento de la atmósfera, así como interrogantes sobre el sistema de alerta y las medidas de seguridad en uno de los países más avanzados del mundo.
"Es algo verdaderamente insólito. Hace mucho tiempo que no habíamos visto algo así", confesó un portavoz del ministerio de Agricultura.
El balance de pérdidas en vidas de Tokage ("Lagarto") se elevó a 77 muertos, 14 desaparecidos y cerca de 300 heridos, según el último balance policial.
Muchos de los muertos y desaparecidos fueron atrapados por avalanchas de lodo o arrastrados por la crecida de los ríos.
Los 37 pasajeros de un autobús de turismo, en su mayoría personas de edad, pasaron nueve horas sobre el techo del vehículo en una carretera inundada de Maizuru, en las inmediaciones de Kyoto (oeste), antes de ser socorridos por helicópteros y embarcaciones.
Tokage atravesó el archipiélago el miércoles y el jueves, y en total, más de 21,000 viviendas fueron inundadas y unas 400 casas dañadas o destruidas por derrumbes.
Se trata del décimo tifón -un récord absoluto- que afecta a Japón desde el comienzo de la temporada en junio. Normalmente, son tres los que llegan a tierra durante la temporada, que suele terminar a finales de octubre.
Según la nueva clasificación de la meteorología nacional basada en el tamaño más que en la presión atmosférica, es el más grande desde 1991, con un radio de 800 km.
Hay que retroceder a 1979 para registrar un tifón más letal (115 muertos y desaparecidos).
Los más destructivos de la historia contemporánea de Japón fueron el de Muroto en 1934 (3,000 muertos) y el de la bahía de Ise en 1959 (5,000 muertos).
Tokage se produjo al fin de una temporada particularmente inestable y que provocó en total más de 220 muertos y desaparecidos y daños considerables evaluados en unos 9,300 millones de dólares, según las cifras del gobierno.