Juan Pablo II absolvió ayer a Bulgaria de la "mancha" que ensució su imagen tras el atentado sufrido por el pontífice en Roma en 1981, e hizo un conciliador gesto de apertura en dirección a los ortodoxos rusos.
El pontífice ofreció un perdón internacional al ex aliado de la Rusia comunista afirmando que nunca creyó en que varios búlgaros dirigieron o fueron cómplices del atentado en la plaza de San Pedro.
Además, el pontífice tendió indirectamente una mano al patriarca Alexis II de Moscú ofreciéndole el uso de una pequeña iglesia católica de Roma al patriarca búlgaro Maxim, considerado muy cercano al jefe de la Iglesia ortodoxa rusa.
"Nunca creí en la famosa filial búlgara, debido a mi cariño por el pueblo búlgaro y al respeto que le debo", afirmó el soberano pontífice, citado por su portavoz Joaquín Navarro Valls, tras una entrevista en privado con el presidente búlgaro Gueorgui Parvanov.
Esta declaración, tiene el valor de un perdón internacional para Sofía, 20 años después de que tres búlgaros fueran acusados de haber organizado este atentado, aunque su participación nunca fue demostrada.