El papa Juan Pablo II, en un emotivo regreso a su patria ayer, descendió las escalinatas del avión lentamente, mientras sus compatriotas cantaban lentamente: "Te deseamos lo mejor"". Auxiliado por sus asistentes y apoyándose fuertemente del pasamanos, el debilitado Papa se detuvo varias veces al bajar hasta la pista, saludando a miles de peregrinos que le dieron la bienvenida en la novena visita a su tierra natal.
El Pontífice polaco se mantuvo de pie durante la interpretación de los himnos polaco y del Vaticano, pero en lugar de besar el piso, besó una canasta con flores silvestres. "Una vez más saludo a Polonia y a todos mis compatriotas"", dijo el Papa, hablando lentamente pero con claridad. "Lo hago con los mismos sentimientos de emoción y alegría que siento cada vez que regreso a mi patria"".
La visita del Papa a su nativa Polonia fue tanto un nostálgico regreso a casa como un esfuerzo por mostrar su solidaridad con sus compatriotas, muchos de los cuales sufren dificultades económicas bajo el capitalismo y las medidas de austeridad que se aplican con objeto de preparar al país para su ingreso a la Unión Europea. "Confío en que esta visita no sólo nos fortalecerá a los que estamos aquí, sino también a Su Santidad"", dijo el presidente Aleksander Kwasniewski, al saludarlo.
El Papa incluso bromeó con relación a su estado de salud. Quiero ofrecer una disculpa. El presidente está de pie, el cardenal está de pie, y yo estoy sentado. "Lo siento pero debo reconocer que alguien colocó algún tipo de barrera aquí y no me puedo levantar"", dijo, refiriéndose a un atril portátil desde el cual leyó su discurso.
La ceremonia más importante de la visita será la consagración de la basílica de la Misericordia de Dios en el distrito Lagiewniki de Cracovia, un santuario muy popular dedicado a Santa Faustina.
Pese a un indisimulable cansancio reflejado en su rostro, el Papa apareció por la ventana del arzobispado de Cracovia para intercambiar algunas palabras con unos 10,000 fieles, esencialmente jóvenes, que lo esperaban ansiosamente en el regreso a su tierra natal.
Por otro lado, un estafador vendió en la ciudad de Gdansk 6,000 billetes para un tren especial que, nunca existió, pero que supuestamente iba a trasladar a los peregrinos a la ciudad de Cracovia para reunirse con el Papa.
El estafador tuvo éxito, porque el párroco de uno de los templos, le cedió en su templo una habitación para que organizase y pudiese vender los billetes. En pocas horas, el estafador consiguió unos 30,000 dólares con la venta de 4,000 billetes y el cobro anticipado de otros 2,000 más.