El Papa Juan Pablo II canonizó ayer, en un caluroso día y en medio de una de las multitudes más numerosas que se haya visto en la Plaza de San Pedro, al místico monje Padre Pío.
El mismo Juan Pablo II, que en una ocasión solicitó la intercesión del Padre Pío para sanar a una amistad, lo elevó a los altares ante 200,000 peregrinos que soportaron el intenso calor y que fueron refrescados con chorros de agua en la Plaza de San Pedro. La multitud, que atestó la Plaza de San Pedro y las calles aledañas, fue una de las más numerosas en los 23 años de pontificado de Juan Pablo II.
El Padre Pío, del que sus manos sangraron durante años, fue considerado el primer párroco en siglos que mostró síntomas de la estigmatización, las heridas que sufrió Jesucristo en la mano, los pies y el costado cuando fue crucificado.
Muchos lo acusaron de ser un farsante y despreciaron en el Vaticano al monje capuchino que murió en 1968. Sin embargo, Pío tuvo muchos seguidores en Italia y en el extranjero.
El paro de los 800 especialistas de la Caja de Seguro Social y del Ministerio de Salud se inició el jueves 6 de junio y fue apoyado por 700 internos y residentes del interior del país.