El presidente argentino, Néstor Kirchner buscó consolidar el liderazgo frente a la primera crisis abierta en el Gobierno, al exigir la renuncia de funcionarios afines al vicepresidente Daniel Scioli, quien desafió su poder al discrepar en sensibles asuntos económicos y de derechos humanos.
Kirchner se mantuvo ayer en silencio sobre el delicado conflicto aún no sofocado, pero el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, dijo a radio Mitre que el presidente "está ejerciendo la autoridad para que no se desordene el país".
"Definitivamente, el que conduce los destinos del país es el presidente. Nosotros no pedimos la renuncia del vice, ha sido elegido por la gente. No hay riesgo institucional, el gobierno está absolutamente cohesionado", dijo el ministro coordinador.
Fernández aclaró, no obstante, que "lo que motiva este problema es lisa y llanamente las expresiones de un vicepresidente que chocan de frente con las expresiones de todo un gobierno".
Scioli, otrora ahijado político del ex presidente peronista neoliberal Carlos Menem (1989-1999), había discrepado con Kirchner al oponerse al proyecto parlamentario de anulación de las leyes de amnistía a militares acusados de crímenes en la última dictadura y pedir un aumento de tarifas de servicios, en línea con el FMI.