El gobierno del presidente argentino, Néstor Kirchner confirmó ayer que renovará la cúpula policial para aplicar una política de seguridad sin "meter bala" para frenar la ola de delincuencia, una semana después de realizar una drástica purga de los altos mandos de las fuerzas armadas.
"El presidente Kirchner en su discurso de asunción (del 25 de mayo) ha sido muy claro: donde hay corrupción hay que aplicar el bisturí a fondo. El bisturí no se aplica en forma horizontal, sino siguiendo la línea donde está el cáncer", dijo el secretario de Seguridad, Norberto Quantín, en declaraciones a radio Del Plata.
El funcionario, ex fiscal, calificó de "natural" el recambio en la cúpula de la Policía Federal, que cuenta con unos 30,000 efectivos en total, y admitió que el problema actual en esa fuerza de seguridad "es la consideración (negativa) que la población tiene de ellos".
Quantín se refirió a un proyecto de ley para combatir los secuestros, una modalidad delictiva creciente en Argentina, que aún debe ser sancionada por el Parlamento, que prevé aumentos de penas en caso de muerte del secuestrado.
En su primera semana de gobierno, Kirchner llevó adelante una purga de los altos mandos de las tres fuerzas armadas, incluidos sus jefes, que abarcó a 19 altos oficiales en el Ejército, 14 de la Armada y diez de la Fuerza Aérea, según fuentes castrenses.