El orgullo con el que los dirigentes de Kosovo celebraron ayer el segundo aniversario de la independencia de la antigua provincia serbia contrasta con el incierto futuro de un territorio plagado por el desempleo, la corrupción y un creciente descontento popular.
En una sesión solemne del Parlamento, el presidente kosovar Fatmir Sejdiu puso el acento en la aportación del nuevo Estado a la estabilidad regional y criticó a Serbia por rechazar la soberanía de la que era su provincia.
“En los pasados dos años en los que funcionamos como un país independiente hemos demostrado al mundo que la independencia de Kosovo ha traído más paz y estabilidad a la región”, declaró Sejdiu.
Sejdiu aseguró que su nación cuenta con unas buenas relaciones de vecindad en toda la región salvo con Serbia, a la que acusó de poner piedras en el camino de la viabilidad del nuevo Estado.