Un mundo de información se esconde en el lugar menos pensado: el basurero.
Sí, la basura delata a los seres humanos y es por ello que los especialistas manifiestan que la basura habla.
No es broma, existe una disciplina que se dedica a estudiar los mensajes que se esconden en la basura. Se trata de la basurología, en inglés garbology.
Esta no es una tarea fácil, pero sí es un trabajo sucio muy divertido, ya que hay que meter la mano a la bolsa, separar y clasificar basura.
Pero para que el análisis sea valioso se requiere darle un seguimiento a lo largo del tiempo, porque los seres humanos no tiran la misma basura siempre.
Un ejemplo de ello es que no es la misma cantidad ni calidad de basura la que se tira en julio a la que se arroja en diciembre, o en el verano o temporada lluviosa.
Esta no es una nueva actividad. La basurología surgió cuando el arqueólogo William Rathje y su grupo de estudiantes de la Universidad de Arizona se propusieron analizar lo que otros ya no utilizaban. Esta idea nació en 1973, y así la basurología daba sus primeros pasos.
Pero todo fue una gran casualidad. El estudio de la basura inició porque al recortarse el presupuesto de educación en Estados Unidos el científico y sus estudiantes se quedaron sin el subsidio con el que pensaban estudiar las ruinas de los Mayas y los Aztecas en México.
Así con técnicas arqueológicas analizaron el almuerzo y la cena del día anterior de cada individuo.
Su investigación arrojó interesantes resultados.
"Fulano desechaba alimentos sin vencer, mengano tomaba antidepresivos en demasía y sultano se desprendía de las fotos que ya no quería seguir viendo".
"La basura "hablaba", se dijeron los investigadores. A esta investigación la denominaron "Garbage Project" (Proyecto Basura), que duró apenas unos días porque muchos se quejaron de que se invadía su privacidad.
Pero el proyecto ya no está solo: se aplica en México, Italia, Canadá y Australia, entre otros países, que han especializado a buena parte de sus arqueólogos en la ahora no tan novedosa técnica.
Una aplicación actual es que el volumen de los desechos funciona como termómetro de la situación económica de un país.
Así el que más compra más tira, pero además no todos compramos lo mismo.