- Personalidades le dicen adiós a Chávez
- Ricardo Martinelli
- “Deseamos expresarle nuestro pésame al pueblo venezolano y a la familia Chávez”.
- Evo Morales
- “Mi hermano solidario, mi hermano revolucionario, que luchó por la patria grande”.
- Ollanta Humala Tasso
- “Adiós comandante y amigo Hugo Chávez. Mis sentidas condolencias a su familia”.
- Laura Chinchilla
- “Nuestra solidaridad con el pueblo venezolano. Hacemos votos porque prevalezca el sentimiento de unidad nacional en estos momentos de dificultad”.
- Enrique Peña Nieto
- Lamento el fallecimiento del presidente Hugo Chávez. Mis más sentidas condolencias a su familia y al pueblo venezolano.
- Henrique Capriles
- “Mi solidaridad a toda la familia y seguidores del presidente Chávez, abogamos por la unidad”.
La evaluación sobre el futuro de Venezuela sin Chávez no es un asunto que se pueda determinar a la ligera.
Los escenarios de transición en una Venezuela, en la que por más de dos décadas una sola persona ha concentrado todo el poder, sin dejar espacio a liderazgos que la releven, plantean cierta incertidumbre política frente a la capacidad para manejar adecuadamente un cambio.
Durante la enfermedad de Chávez, la política venezolana alumbró dos maniobras políticas de fondo.
Por un lado, la Constitución delegó temporalmente el mando en el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, hasta que se convoquen a nuevas elecciones, y por el otro, Chávez santiguó, antes de su muerte, al vicepresidente Nicolás Maduro como su sucesor.
A mi juicio, ambos movimientos se hicieron teniendo en cuenta objetivos políticos estratégicos, es decir, reducir posibles pugnas por la sucesión del hoy difunto.
Con todo, el reto fundamental del oficialismo consiste en poder transferir a tiempo los votos alcanzados por Chávez a su delfín, en el evento de que las nuevas elecciones resulten impostergables.
Tal es la situación vista desde la superficie, pero si escudriñamos profundamente, toparemos con actores que solapadamente influyen mucho en la toma de decisiones.
Así, el actor más relevante son las Fuerzas Armadas y, dentro de dicha institución, líderes como Henry Rangel, protegido en su momento por Hugo Chávez, pero acusado por Estados Unidos de ayudar a organizaciones criminales internacionales.
En dicha entidad castrense, un papel significativo juegan los militares cooptados tanto por la inteligencia cubana, como por la estadounidense.
En esta misma perspectiva, no se puede desdeñar el rol que puedan desempeñar las organizaciones paramilitares aupadas por el Gobierno.
Finalmente, por el lado gubernamental, la pirámide de poder incorpora a los denominados “boliburgueses” o sector del empresariado venezolano que se ha enriquecido durante el ”boom” petrolero, aprovechándose de sus vínculos con el gobierno de Chávez y las Fuerzas Armadas.
Por el costado opositor, no existe la menor duda de que Henrique Capriles despunta como el principal líder político, con la diferencia de que en esta oportunidad tendría que enfrentar a un candidato oficial joven, aunque carente del carisma de Chávez.
No es posible concluir este breve análisis de la situación política venezolana, desdeñando el impacto que tuvo la enfermedad que acabó con la vida del presidente Hugo Chávez y lo que podría acarrear en la economía de ese país.
No es un secreto que el sector estatal, en estos últimos años, ha copado la economía, amén de un modelo de crecimiento basado en el gasto, por no decir la dádiva pública.
El esquema de “pan para hoy y hambre para mañana” muestra síntomas de agotamiento que cualquier gobierno tendrá que revisar en el futuro cercano.
Tal modificación pasa inexorablemente por variar, sino eliminar, el control de cambios y corregir el desajuste fiscal, vía la devaluación, al tiempo que la apuesta económica apunta a favorecer el sector privado venezolano y adoptar una actitud más propicia hacia la inversión económica externa en el país.