Mientras saborea un sabroso helado, quizás alguien se pregunte dónde y cómo surgió esta gélida delicia que tanto atrae a niños y mayores.
El primero apareció en China hace cuatro mil años. Considerado como algo exquisito, era diferente a lo que se conoce hoy como tal. Aquel primitivo helado era una pasta de arroz hervido, especias y leche envuelta en nieve, para solidificarlo. Poco a poco, aparecieron los de frutas, que consistían en zumos con nieve.
La receta de los helados hechos con agua fue introducida en Europa por el viajero veneciano Marco Polo en el siglo XIII, quien vivió 17 años en China.
Los maestros heladeros italianos guardaban con extraordinario celo sus recetas. Y era así porque inicialmente fue un postre para ricos, pues por congeladores se utilizaba un sótano repleto del hielo recogido durante el invierno. Servir helado durante una comida era símbolo de elevada posición social.
Hay estudios que indican que los helados tienen características que los hacen que sean considerados alimentos con propiedades peculiares, pues hay componentes que despiertan una sensación de placer en el sistema nervioso, aliviando el estrés, el dolor y la ansiedad.
Catedráticos de Nutrición y la Unión Española de Catadores presentaron un estudio sobre las diferentes dimensiones de los helados: la nutricional y otras menos conocidas como la lúdica social y la psicológica. El informe "Helados sanos por 3 razones" estuvo precedido por un taller práctico de cata de helados y maridaje de vinos para enseñar a los asistentes a exprimir al máximo cada sabor y textura. Carmen Vidal, catedrática de Nutrición de la Universidad de Barcelona, aclaró que "no existen alimentos malos o buenos, sino dietas equilibradas o desequilibradas".
Además de su importancia nutritiva, los alimentos también han de satisfacer, por ello encontramos la dimensión psicológica y la fisiológica.
La investigadora Carmen Vidal trató de situar los helados en su justo contexto, distinguiendo las distintas clases que nos podemos encontrar en el mercado, desde helados con leche en su composición, o aquéllos cuya base es el agua.
Según un estudio realizado en España, el 47, 88% de los españoles considera que el aporte calórico del helado es elevado, frente a un 4, 3% que opina lo contrario. La realidad demuestra que 100 gramos de helado de crema suponen 250 calorías, es decir, cubren entre un 5 y un 12% de la cantidad diaria recomendada. En cuanto al calcio, pueden llegar a completar la ingesta de este mineral en el caso de niños, adolescentes, embarazadas, ya que son situaciones fisiológicas con mayor requerimiento de calcio.
Los sorbetes o helados de agua no contienen calorías, pero tampoco valor nutritivo, aunque puede variar por la cantidad de frutas.
Entre los aspectos negativos señalados por Vidal, se encuentra la presencia de azúcares, por sí solos no perjudiciales, pero sí teniendo en cuenta el abuso de azúcar en la dieta occidental. Un helado puede aportar hasta el 28% de la cantidad diaria recomendada de azúcar. Los helados de chocolate destacan en cambio por la mejor calidad de la grasa que contienen.
La dimensión psicológica de los helados fue analizada por Francisco Rodríguez-Santos, neuropsicólogo de la Universidad Autónoma de Madrid, que explicó por qué nos resultan placenteros. La ingesta de helados viene precedida por factores fisiológicos, psicológicos y sociales. Entre los psicológicos se encontrarían los procesos de motivación, emoción y el aprendizaje de hábitos de consumo, fuertemente fijado durante la infancia.
Rodríguez-Santos apuntó que algunos componentes de los helados como la caseína, el chocolate o los azúcares podrían estar implicados en mecanismo de reduccion de estrés, "tanto físico (el dolor) como psicológico (la ansiedad)". Esto se debe a que esos componentes producen endorfinas, que actúan como opiáceos en el cerebro, activando la sensación de placer. Según el estudio, el 86, 38% de los españoles afirma que comer helados les produce una sensación placentera. Las tres razones que presentó José Carlos Román, de la Unión Española de Catadores, para tomar helados fueron la procedencia, la riqueza y la importancia como plato.
Román reconoció que "normalmente no se suele hacer una cata de helados" pues es un producto que tomamos de una "forma ligera". El taller de cata de helados se divide en cuatro fases, aplicables a la degustación de cualquier producto: la apariencia y presentación del producto, una fase olfativa, otra gustativa y una última de evolución del helado, un proceso que ningún otro producto consigue.
Durante el último verano el 86, 7% de la población española afirmó haber consumido helados, frente al 83, 1% del verano de 2004. Es en la franja de edad entre 26 y 35 años y entre las mujeres donde ese consumo es mayor.