La guerra contra las drogas y el terrorismo ha difuminado el límite entre el policía y el soldado hasta convertir a los agentes armados con rifles semiautomáticos en elementos “rutinarios” de cada vez más ciudades y pueblos de EE.UU., según varias investigaciones independientes.
La imagen del policía amable que conocía a cada vecino del barrio ha quedado desplazada en gran parte de Estados Unidos por la de agentes armados con rifles, transportados en vehículos blindados.
Son los agentes de equipos especiales conocidos como SWAT, entrenados con métodos militares, que forman parte de cada vez más de departamentos de policía de Estados Unidos y se destinan incluso a redadas contra objetivos no armados, enormemente distintas de las operaciones de alto riesgo a las que se limitaban en sus orígenes.
“Si los entrenamos como soldados y los equipamos como soldados, no deberíamos sorprendernos de que empiecen a actuar como soldados. Y la misión de un soldado es matar al enemigo”, subrayó Arthur Rizer, un expolicía y exmilitar, actualmente profesor de Derecho en la Universidad de Georgetown.
Las fuerzas especiales SWAT nacieron en los años 60, poco antes de que el expresidente Richard Nixon declarara la guerra contra las drogas, y han crecido al calor de esa estrategia, con la intención original de proteger a los policías de los integrantes de carteles, “que normalmente están fuertemente armados”, explica Rizer.