Bután, un pequeñísimo reino hereditario en las faldas del Himalaya, entre China, la India y el Tíbet, posee algo único en el mundo y que todos los países deberían imitar: el "índice de Felicidad Interna Bruta".
El primer ministro de Bután, Jigme Thinley, desveló las claves del nuevo sistema socioeconómico cuyo progreso se mide no en función del tradicional Producto Interior Bruto.
Thinley argumenta que la principal responsabilidad de cualquier gobernante es ayudar a la gente a ser plenamente feliz, no solo atender a sus necesidades materiales, sino también espirituales.
Para ello, todo Gobierno debe centrar sus esfuerzos en cuatro direcciones: desarrollo socioeconómico igualitario y sostenible, conservación de la naturaleza, preservación de la cultura y el patrimonio cultural, y un gobierno responsable transparente.
Para los butaneses, el desarrollo y la prosperidad medidos solo como acumulación de bienes materiales no solo no aporta ninguna felicidad, sino que es el germen de todos los males que están llevando a la humanidad y a la tierra a su autodestrucción.
Así, el desarrollo y la producción descontroladas agravan el cambio climático y destruye las reservas naturales, lo que acabará llevando a la humanidad a guerras más terroríficas que las del siglo XX por los recursos naturales, ha argumentado.
El primer ministro ha alardeado de que su país estará en condiciones de certificar ante la ONU la consecución de todos los Objetivos del Milenio en 2012.
Bután sustenta que la felicidad debe ser el resultado de las políticas públicas, del buen gobierno, de la equitativa distribución de la renta que resulta de los excedentes de la agricultura de subsistencia, de la ganadería, de la extracción vegetal, de la venta de energía a India, de la ausencia de corrupción, de la garantía general de educación y salud de calidad, con carreteras transitables en los valles fértiles y en las altas montañas, pero especialmente como fruto de las relaciones sociales de cooperación y de paz entre todos.
Por detrás de este proyecto político funciona una imagen multidimensional del ser humano. Concibe al ser humano como un nudo de relaciones orientado en todas las direcciones, que tiene sí hambre de pan, como todos los seres vivos, pero que principalmente se mueve por el hambre de comunicación, de convivencia y de paz, que no pueden ser compradas en el mercado o en la bolsa. Función de un gobierno es atender a la vida de la población en la multiplicidad de sus dimensiones. Su fruto es la paz.