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La reacción latinoamericana ante la crisis libia muestra la división regional


La reacción de los países latinoamericanos ante la crisis libia ha estado dividida casi a partes iguales entre quienes respaldaron la resolución de la ONU que dio luz verde a la intervención militar internacional y los que alegaron el principio de "no injerencia" para oponerse al uso de la fuerza.


Este es uno de los puntos destacados en un informe del Real Instituto Elcano, uno de los centros de análisis más importantes de España, realizado por su investigador principal para América Latina, Carlos Malamud.


"Una vez más -dice Malamud- América no mostró una postura común frente a un acontecimiento internacional de primera magnitud" y ni siquiera llamó a consultas a las principales instituciones de integración regional, como la UNASUR.


Cuando comenzó el conflicto libio, "las reacciones regionales se caracterizaron por su falta de unanimidad" y "en ellas primó la división de opiniones", explica el catedrático en su análisis.


Ya entonces, buena parte de esos Gobiernos respondió invocando el viejo principio de la "no injerencia" y la "libre autodeterminación de los pueblos" para rechazar el uso de la fuerza y las acciones militares contra el régimen de Muamar El Gadafi, añade el analista.


Según Malamud, quienes manifestaron una mayor repulsa a una intervención externa fueron los Gobiernos de corte "bolivariano", como la propia Venezuela, Bolivia o Ecuador, además de Cuba y Nicaragua, también parte de la Alianza Bolivariana (ALBA).

 

Pronto se adhirieron a la no injerencia Argentina, Paraguay y Uruguay, países que guardan una mayor o menor cercanía con el presidente venezolano, Hugo Chávez, y que, en el caso de Uruguay, subrayaba su querencia natural hacia el no intervencionismo.


Finalmente, sobre la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, impulsora de la exclusión aérea y la intervención para proteger a la población libia, ocho gobiernos latinoamericanos se opusieron (Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Uruguay y Venezuela) y otros ocho la apoyaron (Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá y Perú).


Brasil se abstuvo en el Consejo de Seguridad, mientras que El Salvador y la República Dominicana no se pronunciaron.

 

"Desde el punto de vista de las declaraciones gubernamentales y de la retórica, la postura de quienes estaban a favor fue mucho más lacónica que la de quienes se opusieron, que en algunos casos rozó la verborrea", remarca el investigador.


De estos países, añade en su informe, "los más beligerantes denunciaron los planes imperialistas, con Estados Unidos a la cabeza, para quedarse con el petróleo y los recursos naturales del pueblo libio, así como la brutalidad de la acción militar que se había cobrado numerosas víctimas civiles".


Malamud contrapone en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU (como miembros no permanentes) a Colombia y Brasil, que, en el primer caso, llevó a un voto afirmativo a la resolución, y en el caso brasileño a la abstención, alineándose así con Alemania, Rusia, la India y China.

 

El apoyo colombiano fue explicito para las operaciones militares, con el presidente Juan Manuel Santos subrayando que el régimen libio se había "burlado" de la decisión de Naciones Unidas.


En el caso de Chile, el presidente Sebastián Piñera se manifestó en una rueda de prensa junto al mandatario estadounidense, Barack Obama, a favor de hacer respetar los derechos humanos, asunto que, destacó, "no acepta fronteras".


México llamó a las autoridades libias "a detener de manera inmediata las violaciones graves y masivas a los derechos humanos de la población civil".


Cuando el Gobierno brasileño explicó su abstención en el Consejo de Seguridad quiso dejar claro que esto no implicaba el respaldo a las autoridades libias o una negligencia en la necesidad de proteger a la población civil.Después, la presidenta Dilma Roussef afirmó que la intervención militar, "en lugar de proteger a los ciudadanos libios, provocará más muertes".


Argentina criticó también el hecho de que "los cinco vencedores de la Segunda Guerra Mundial" (en referencia a China, Rusia, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia) decidan solos" como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.


Malamud recuerda entre las críticas que el venezolano Hugo Chávez calificó los sucesos de Libia como "una locura imperial", mientras que el boliviano Evo Morales señaló que a la ONU habría que llamarla ONI -Organización de Naciones Invasoras-, a la vez que pedía que se retirara el Premio Nobel de la Paz a Obama.


"De alguna manera, las reacciones latinoamericanas muestran su tradicional aislamiento frente a un mundo crecientemente globalizado y el empeño de mantener el lenguaje tradicional de la no injerencia y autodeterminación de los pueblos", concluye Malamud. 


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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