Las relaciones de EEUU con algunos países de Latinoamérica tocaron fondo en 2008 con la llamada "crisis de los embajadores", aunque todos esperan que con el relevo en la Casa Blanca se inicie una etapa más fluida y distendida.
Las expectativas de los países de la región ante el traspaso de poder en EEUU son grandes, pues consideran que bajo el mandato del nuevo presidente, Barack Obama, pueden, en principio, pasar con facilidad página y sentar las bases para restaurar las complejas relaciones.
El listón para superar esa prueba con éxito no es demasiado alto si se tiene en cuenta la aversión que han mostrado algunas naciones hacia la política latinoamericana del actual mandatario, George W. Bush, y su sentir generalizado de que han recibido poca atención por parte de EEUU durante los últimos ocho años.
El año comenzó relativamente tranquilo comparado con lo que sucedió en la segunda mitad, cuando la retórica "anti-imperio" y las tensiones con algunos países provocaron la "crisis de los embajadores".
En septiembre, tanto los Gobiernos de Bolivia como de Venezuela declararon "personas non grata" a los embajadores estadounidenses Philip Goldberg y Patrick Duddy, respectivamente, a lo que Washington respondió con la misma moneda al expulsar a los titulares diplomáticos de esos países, el boliviano Gustavo Guzmán y el venezolano Bernardo Álvarez.
Ese 'rifirrafe' fue el último episodio de una cadena de roces e incidentes diplomáticos que han caracterizado las relaciones de EEUU con Bolivia y Venezuela en los últimos años y especialmente en 2008.
Ha habido periodos en la historia entre EEUU y Latinoamérica en los que las relaciones han sido "pésimas", como antes de la "política del buen vecino" del ex presidente Franklin D. Roosevelt, explicó a Efe Norman A. Bailey, presidente del Institute for Global Economic Growth y profesor del Institute of World Politics.
Pero, a punto de cerrar 2008, el estado de las relaciones es el peor desde la Segunda Guerra Mundial.
"En el periodo de postguerra no he visto una peor situación" que la actual entre EEUU y Latinoamérica, opina este analista.
Sin embargo, el legado que deja la Administración Bush al próximo Gobierno en su política hacia Latinoamérica no es del todo malo.
EEUU ha tenido "relaciones bastante buenas" con países mportantes de Latinoamérica, entre ellos con Brasil, México y Colombia; además de con Chile, Perú y Uruguay, según Bailey.
Bush ha tenido una agenda positiva hacia la región con la promoción de Tratados de Libre Comercio (TLC) con varios países latinoamericanos y también ha impulsado, aunque no logrado, una reforma migratoria.
Por otra parte, ha conjugado estas medidas positivas con otras negativas como las sanciones a entidades y personas venezolanas y la suspensión de los beneficios arancelarios (ATPDEA) a Bolivia.
"Lo que es verdad es que Latinoamérica no ha sido nunca una prioridad para EEUU desde el 11-S", dijo Bailey, quien ve "muy poco probable" que eso cambie con el nuevo Gobierno.
El nuevo presidente no va a dar más peso a Latinoamérica que el Gobierno de Bush, en parte porque tiene dos guerras abiertas y una crisis financiera que resolver.
El tono sí podría cambiar bajo el mandato de Obama, quien ha dicho que está dispuesto a dialogar con el presidente venezolano, Hugo Chávez, y el líder de Cuba, Raúl Castro.
Es posible que facilite los viajes de los cubano-americanos a la isla y suavice algunas restricciones en materia de comercio.
Un asunto pendiente para Obama será qué hacer con el TLC firmado con Colombia, el principal aliado de EEUU en la región. Al pacto se oponen buena parte de los legisladores demócratas y los sindicatos.
La futura relación de EEUU con Latinoamérica dependerá también de lo que pase en Venezuela, donde la caída del precio del petróleo podría obligar a Chávez a reducir los subsidios a otros países, que, como consecuencia, podrían suavizar su actitud hacia Washington.
De momento, tanto Obama como los países latinoamericanos con los que EEUU ha tenido una relación difícil este año han tenido buenas palabras y una actitud positiva ante la nueva etapa que se iniciará a partir del 20 de enero.
La primera 'prueba de fuego" para Obama y los países latinoamericanos será probablemente la V Cumbre de las Américas, que tendrá lugar en abril en Trinidad y Tobago.