Sadam Hussein prestó juramento ayer para un nuevo mandato de siete años como presidente de Irak, con un discurso en el que desafió claramente a Estados Unidos y pidió a su pueblo valor para una posible nueva guerra entre "el bien y el mal".
"La cuestión iraquí no es sólo una cuestión que afecta a Irak, como era en 1995 (fecha en que asumió su último mandato), tampoco es una cuestión del mundo árabe sino que a partir de ahora se encuentra en el centro de la lucha entre el bien y el mal", afirmó en un discurso divulgado por la televisión iraquí.
Visiblemente emocionado, el mandatario iraquí advirtió de las consecuencias que entraña la política estadounidense y aseguró que "la sangre pide sangre". Sadam Hussein utilizó prácticamente los mismos términos usados por el presidente estadounidense George W. Bush a la hora de defender la lucha de su país contra el terrorismo internacional después de los atentados del 11 de septiembre del 2001.
El mandatario consideró que desde estos atentados "cada uno se enfrenta, en su campo, a la tozudez y a la política del mal" de Estados Unidos.
"Las sucesivas administraciones estadounidenses han sido un juguete en manos del lobby sionista", añadió, explicando que "en el momento en que el enfrentamiento baja de intensidad entre los iraquíes y muchos gobiernos, sigue viva entre los esclavos del sionismo en Estados Unidos".