El ataque que el fin de semana causó 28 muertos en un restaurante de Dacca ha confirmado los miedos ya despertados por los asesinatos islamistas de los últimos años en Bangladesh, ahora a merced de un futuro que los expertos vaticinan turbulento y que requerirá, advierten, ayuda internacional.
El Gobierno aseguró que cinco de los seis atacantes eran miembros de grupos terroristas locales.
El cruce de acusaciones y reclamaciones de autoría reaviva el debate abierto en torno a la ola de asesinatos selectivos contra minorías, la mayoría a machetazos, que comenzó en 2013 y deja ya más de 40 muertos tras haberse intensificado desde principios del pasado año.
Para el exgeneral Abdur Rashid, director del Instituto de Conflicto, Ley y Estudios de Desarrollo (ICLDS, en inglés), el ataque contra extranjeros en la capital bangladesí, de un perfil mucho más alto al mantenido hasta ahora, presagia un empeoramiento en la situación general de seguridad en el país.