El presidente de Guatemala, Álvaro Colom, muestra señales de impotencia ante la violencia y el crimen organizado, un año después de iniciar la primera gestión de un Gobierno de izquierdas desde que este país recuperó la democracia en 1985.
Colom, del socialdemócrata partido Unidad Nacional de la Esperanza, inició su período de cuatro años al frente del Gobierno guatemalteco el pasado 14 de enero, con la promesa de combatir la violencia con "inteligencia", y en los primeros cien días de su mandato reducir los alarmantes índices de criminalidad.
Sin embargo, no ha logrado ni por asomo reducir los cerca de 16 asesinatos que a diario ocurren en este país centroamericano, lo cual le ha valido fuertes críticas de parte de la oposición política y de las organizaciones de la sociedad civil.
La violencia, ha dicho el mandatario, es producto de una estrategia previamente planificada por los grupos del crimen organizado que desde hace ocho años se infiltraron en las estructuras de poder del Estado, para debilitarlo y poder delinquir con absoluta impunidad.
"Una mano peluda le entregó el país al crimen organizado. Estoy convencido de que fue una situación planificada", aseguró el mandatario
Ante el incremento del número de secuestros, extorsiones, robo de vehículos, muerte de mujeres y menores de edad, Colom le ha pedido "paciencia" y "confianza" a los guatemaltecos, y ha asegurado que "cueste lo que cueste" le ganará la guerra al crimen organizado.