Una atacante suicida se voló ayer con una bomba cerca de un mercado de Jerusalén, matando a seis israelíes e hiriendo a casi 90, en momentos en que el Secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, visita Israel en su misión en búsqueda de paz para el Oriente Medio.
"Sonó como si hubiera explotado una montaña. El suelo estaba moviéndose. La gente corría, gritando", dijo un trabajador municipal, quien sólo se identificó como Gilad. La poderosa explosión en una parada de autobús cercana al mercado dejó a las víctimas esparcidas en medio de charcos de sangre, y vegetales y frutas calcinadas, entre fragmentos de vidrios rotos.
Powell dio un vistazo a la carnicería desde un helicóptero militar. El atentado ocurrió en momentos en que el funcionario despegaba para una vista aérea de la tensa frontera entre Israel y el Líbano, y se desvió para sobrevolar el lugar.
La explosión estremeció a Jerusalén sólo horas después que Powell conversara con el primer ministro israelí, Ariel Sharon, sobre el fin de la ofensiva militar en Cisjordania, algo que Sharon ha rechazado pese a repetidos pedidos estadounidenses. "Condeno a los terroristas por este acto", dijo Powell a la prensa. "Ilustra la peligrosa situación que existe aquí".
El grupo militante palestino Brigadas Mártires de Al-Aqsa, vinculado a la facción Fatah a la que pertenece el líder palestino Yasser Arafat, se atribuyó la responsabilidad del atentado, dijo la televisión libanesa al-Manar. "Aparentemente fue una atacante suicida palestina, s estamos hablando de una mujer joven", dijo a la prensa el jefe de la policía de Jerusalén, Mickey Levy, en el escenario de la explosión.
En sus conversaciones iniciales con Sharon, Powell no pudo lograr establecer un plazo para un fin de la campaña militar de Israel. "Espero que podamos encontrar una forma de lograr un acuerdo sobre este punto, la duración de las operaciones, y regresar a una vía que conduzca a un arreglo político", dijo Powell.
La Casa Blanca estadounidense llamó Arafat a denunciar inmediatamente los atentados terroristas. "Teniendo en cuenta lo que ocurrió ayer, el presidente estadounidense George W. Bush estima que Arafat debe abandonar su silencio y condenar el ataque de ayer, que es un acto de terrorismo", declaró el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer.
La entidad defensora de los derechos humanos, Amnistía Internacional (AI), calificó de "castigo colectivo" a la ofensiva militar israelí en los territorios palestinos y dijo que en cualquier otro lugar, el comportamiento de los soldados israelíes les valdría la corte marcial.
La dirección palestina acusó al Ejército israelí de llevar a cabo una guerra de destrucción en las zonas reocupadas de Cisjordania, principalmente en Jenín y Naplusa. "Las fuerzas bárbaras de ocupación incendian y destruyen las sedes de las instituciones oficiales y populares y destruyen las viviendas con dinamita tras haberlas saqueado", afirmó un comunicado de la alta instancia palestina, difundido por la agencia oficial WAFA.
El ministro palestino de Cultura e Información, Yasser Abed Rabbo, afirmó en una carta que el Ejército israelí enterró "en fosas comunes los cuerpos de al menos 500 habitantes" del campo de refugiados de Jenín (Cisjordania).
"La mitad de los cuerpos enterrados pertenecen a mujeres y niños, y el Ejército intenta ocultar la verdad", impidiendo que la prensa internacional investigue en el terreno, escribió Abed Rabbo en esa carta dirigida a jefes de Estado, legisladores, representantes de organizaciones gubernamentales y a la prensa.
Los palestinos atrincherados desde el dos de abril en la Basílica de la Natividad de Belén (Cisjordania), asediada por el ejército israelí, pidieron ayuda al Papa Juan Pablo II y al secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, en un comunicado transmitido por la iglesia luterana. Los palestinos piden al Papa y a Annan que "tomen sus responsabilidades", los "salven" y los "protejan de los planes israelíes".
Israel tiene en su poder actualmente a unos 4,180 prisioneros palestinos, 60 de los cuales califica de "fuertemente sospechosos", expresó en Ginebra el embajador israelí en la ONU, Yehuda Lancry, en la sede europea de la organización.
"Tenemos actualmente unos 4,180 (prisioneros) palestinos, de los cuales 60 son los que llamamos fuertemente sospechosos, es decir, presuntos autores de una larga lista de crímenes", indicó Lancry en una rueda de prensa.
Lágrimas y sangre en las calles de Jerusalén
De acuerdo al ministerio de Información palestino, la reunión entre el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell y el presidente palestino, Yasser Arafat fijada para hoy fue aplazada posiblemente para mañana a pedido de EU.