El gobierno iraquí reconoció ayer que la lucha contra la violencia en el país será larga, en momentos en que al menos 33 personas murieron, 14 de ellas en tres atentados suicidas coordinados al norte del país.
"Los grupos extremistas y sadamistas (fieles al depuesto presidente Sadam Hussein no serán derrotados por "knock out", pero conocerán una muerte lenta como la que ya van viendo", declaró el portavoz del gobierno, Leith Kubba, en Bagdad.
"No podemos dar un falso sentimiento de seguridad a pesar de que ha mejorado la situación", añadió Kubba.