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Las "7 maravillas gastronómicas" de la herencia hispana


A nadie se le escapa que el Gran Cañón del Colorado es una de las siete maravillas de mundo; pues bien, se puede aspirar a la confección de un más modesto listado con la relación de las "siete maravillas gastronómicas" de herencia hispana.
Puede que muchos alimentos se queden fuera de este ránking, pero se trata tan sólo de un ejercicio que persigue rendir un homenaje a los placeres culinarios de la mesa iberoamericana en el llamado mes de la Hispanidad.
En cabeza de esta lista se coloca el ceviche, un territorio culinario único, un plato que ha escalado un lugar de privilegio en los menús de los más prestigiosos restaurantes estadounidenses.
La revuelta contra la modernidad culinaria de diseño la lidera un plato barroco y sorprendente, fruto de la experiencia de generaciones de mexicanos: el mole.
Otro condimento figura entre las siete maravillas gastronómicas de la herencia hispana: el azafrán.
Para conseguir un kilo de azafrán hay que recolectar 160,000 flores de la rosa de azafrán y el kilo de este condimento en el mercado puede superar los 2 mil dólares. Condimento indispensable en la paella, la sopa bullabesa y el risotto.
Y hablando de arroces, le llegó el turno a uno de los grandes platos de la cocina iberoamericana, la paella.
En la lista también figuran los tamales, una ceremonia en la que participa cada miembro de la familia.
Tampoco se queda atrás la parrillada argentina ( ay, divino bife de chorizo!), que unas aspersiones de salsa chimichurri, todo para mayor gloria de chorizos y morcillas y de esas secretas tentaciones que son las achuras -vísceras-. Y Un postre inmortal para celebrar la Hispanidad: el flan, un postre de toda la vida, el "souflé" de los pobres.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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