IINVESTIGADORES y otras unidades de aduanas que trabajan en el Aeropuerto Internacional de Tocumen, terminal que mueve unos 50, 000 viajeros por mes, tienen problemas de comunicación con los viajeros, porque no son bilingües.
Estaba casi dormida en una de las butacas esperando el llamado para la salida de mi vuelo. De pronto una conversación entre dos personas, que parecían más bien estar discutiendo, me sacó de mi letargo.
Era una discusión seria y en diferentes idiomas. Una de las personas hablaba francés y la otra español. No se entendían.
El asunto era entre una turista canadiense y un funcionario de narcóticos, de servicio en el aeropuerto.
Todo el mundo miraba pero nadie hacía nada. Entonces decidí preguntarle al detective que vociferaba, qué estaba pasando y si podía ayudarlo traduciendo su pregunta a la joven turista.
Así fue, le pedí los datos a la viajera y que mostrara su pasaporte. Aparentemente el detective consiguió la información que buscaba y la situación se calmó. La turista, que recién había llegado de Los Angeles, Estados Unidos para hacer trasbordo hacia Suramérica, me agradeció con lágrimas arrancadas por el enfado.
En una ocasión anterior observé en la sección de migración, que un funcionario llamaba a un turista de origen asiático para que se acercara a la ventanilla, diciéndole "¡hey!, ¡hey!", y haciendo señas con la mano. Este turista fue informado por otras personas, en inglés, que debía avanzar.
Hace unas semanas, el objeto de atención del detective de narcóticos que estaba de turno en el aeropuerto fui yo.
Ya lo había observado dando vueltas por la terminal. Se acercó y, sin identificarse, me pidió mis documentos; se los entregué y le recité todo mi itinerario de viaje. Mientras hablaba leí el carné que lo identificaba como detective 1 Jorge Suaréz. Al parecer la información fue suficiente y se alejó, pero lo seguí observando y no se acercó a ningún otro pasajero para pedirle información, aunque hizo varios intentos. Supuse que era por la barrera del idioma. Me acerqué y le ofrecí mi ayuda como intérprete, pero no dijo nada y se marchó.
Gustavo Ortega, director de Narcóticos de la Policía Técnica Judicial, sostiene que las unidades de estupefacientes que laboran en el Aeropuerto de Tocumen, Paso Canoa, Guabito y en los puertos internacionales, son capacitadas en procedimiento policial y leyes, pero no en idiomas.
Reconoció que ese es uno de los principales problemas que enfrentan los funcionarios.
Se informó que en la Policía Técnica Judicial se están realizando gestiones con diferentes organismos para capacitar a los funcionarios, incluso los de narcóticos, en cursos básicos, intermedios y avanzados de inglés.
El fin es contrarrestar las barreras del idioma, lo que afecta la comunicación con los turistas.
También se reubicará a los pocos detectives que hablan inglés, en áreas donde se da una mayor afluencia de turistas, como son puertos y aeropuertos.
Se reconoce que esta será una ventaja en el desarrollo de las funciones y evitará situaciones desagradables, pues el principal objetivo debe ser darle un mejor trato a los turistas.
Las barreras del idioma
Ha ocurrido que los turistas han llorado del enojo porque no entienden español y el funcionario no habla inglés.