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Las “Damas de Blanco”, disidencia o mercenarismo

Serán los propios cubanos los que decidirán si cabrá una oposición leal dentro del futuro sistema socialista, pues la presión no funciona en Cuba.


Por estos días, numerosos  medios de comunicación internacionales han reflejado las marchas de las llamadas “Damas de Blanco” en su peregrinar por Iglesias y calles de la ciudad de La Habana.

Justamente, el domingo finalizaron sus actividades y marchas. Estas “Damas de Blanco” -como se denominan a las esposas y parientes de los opositores al Gobierno y personal de apoyo sentimental que las acompañan-  han concitado la atención de amigos y enemigos y de la prensa internacional.

Deseo explicarles a los lectores ¿Qué hay en torno a estos hechos? ¿Cuáles son las causas reales de estas protestas?

 

 Ante tantas inquietudes, este corresponsal del Panamá América en Cuba buscó información de primera mano con ambas partes.

El hecho cierto estriba en que por diversas vías y métodos, en un lapso de 50 años se han buscado todas las maneras posibles para desestabilizar y hacer colapsar el proyecto político cubano que se inició en 1959.

En marzo de 2003 fueron detenidas 75 personas acusadas de recibir dinero, apoyo material y orientaciones de Estados Unidos para la subversión de la Revolución cubana. Todas estas personas, según hemos conocido, desde entonces llevaban años realizando estas labores.

 

Las sentencias fueron de más de 20 años de cárcel pero una veintena de ellas fueron liberadas por motivos de salud.

¿Por qué ahora esa abrumadora información mediática?

Salieron a la calle a pedir el excarcelamiento de sus parientes en el séptimo aniversario de sus encierros. La conmemoración coincide con una polémica internacional en torno a la isla luego de la muerte por una huelga de hambre del prisionero Orlando Zapata y de la decisión de otro disidente, Guillermo Fariñas, de adoptar la misma medida.

 

 “Pedimos la libertad para nuestros esposos”, dijo  Bertha Soler --casada con Ángel Moya, quien cumple una condena de 20 años.

 “No importa lo que hagan, vamos a seguir marchando para marcar la Primavera Negra”, declaró Laura Pollán, líder del grupo de mujeres refiriéndose a los arrestos del 18 de marzo del 2003.

La muerte de Zapata es una tragedia humana, pero su repercusión responde a factores políticos, vinculados con la huelga de Fariñas. Ninguna de las actuales presiones para los indultos a estos presos facilita cambios en la política cubana, rodeada  por una tormenta propagandística. Ni siquiera bajo la presión de la Crisis de los Misiles (octubre de 1962), al borde de un conflicto nuclear, la política de Cuba cambió. Es obvio que la muerte de Zapata y sus secuelas convienen a quienes se oponen a ese diálogo con Estados Unidos y Europa.

 

Solo los que vivimos en Cuba podemos entender lo que sucede en realidad. Ni amigos ni adversarios alcanzan a valorar en toda su dimensión lo que ocurre.

¿Hablamos de disidentes, opositores, mercenarios, presos de conciencia, presos políticos…? ¿Qué son en realidad estas personas?

Haciendo mía la definición del politólogo cubano Rafael Hernández, un disidente es el que reniega de su creencia anterior. Este no es el caso de los clásicos anticomunistas del exilio, sino el de los ex comunistas pro soviéticos y de otras tendencias ortodoxas, de donde provienen los más renombrados como Ricardo Boffil, Elizardo Sánchez o Vladimiro Roca, auténticos disidentes.

Estos descartan la violencia de las armas, igual que las principales fuerzas del exilio anticastrista actual.

Ambos grupos difieren en cuanto al bloqueo, pero coinciden en su afán de restauración capitalista y anticastrismo furibundos; por eso se identifican fácilmente con la ultraderecha de Estados Unidos, con partidos y gobiernos europeos y de otros países. Aunque algunos se presentan como socialdemócratas, el eje ideológico disidente se mueve entre el centro y la derecha. Son grupos pequeños y numerosos, dispersos y sin arraigo en la población.

Está claro que, aparte de recibir dinero y apoyo político de Washington, también tienen creencias ideológicas, y entre ellos puede haber personas honestas, resentidas o confundidas.

El puñado de presos políticos en sus filas no lo está por delitos “de conciencia”, ni por la mera expresión de ideas contrarias al Gobierno, sino por oponerse activamente al sistema, en alianza con Estados Unidos, el exilio clásico y el viejo anticomunismo europeo.

Estos opositores no tienen un proyecto coherente, sino consignas ideológicas.

Las embajadas en La Habana los conocen, y saben que no representan ninguna alternativa política viable; las reacciones internacionales y los titulares de la gran prensa responden más a las pugnas electorales y parlamentarias de esos países, que a la situación en la isla.

“Por mucho acoso y represión que pueda existir en Cuba sobre sus ciudadanos, ningún proyecto político hubiera podido sobrevivir por más de 50 años, si no hubiera contado con el apoyo real de la inmensa mayoría” nos dice Jorge Hernández, prominente sociólogo cubano.

“El gobierno de EE.UU. mantiene una guerra abierta no declarada contra Cuba, con el objetivo de derrocar el sistema político y social vigente en la Isla. Para ello destinó, solo en los años 2007 y 2008, $45,7 millones para los llamados “disidentes”, y otros 100 para organizaciones radicadas en EE.UU. que actúan, en muchos casos, como financiadores intermedios de los mismos”,  nos concluyó el también Director del Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana.

“Hay una lógica perversa, según la cual Cuba tendría que pagar un tributo cada vez que Estados Unidos hace un ligero cambio, por ejemplo, autorizar los viajes de los cubano-estadunidenses” nos dice Rafael Hernández, Editor de la Revista TEMAS , es difícil suponer por ahora un cambio en el trato hacia ellos. Lo cierto es que las imágenes de las pacíficas Damas de Blanco recorrieron el mundo y la lógica o las palabras de quienes conocemos lo que sucede en realidad no pueden explicarlo y mucho menos que lo crean.

Lo que está claro es que serán los propios cubanos los que decidirán si,   además de una institucionalidad democrática renovada, un modelo descentralizado y una economía mixta, cabrá una oposición leal dentro del futuro sistema socialista. La presión no funciona en Cuba.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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