Una semana después de los terremotos que devastaron la ciudad española de Lorca (Murcia, este) dejando nueve muertos, 300 heridos y graves daños en viviendas, infraestructuras o monumentos, las heridas siguen abiertas en una ciudad que permanece acongojada, preocupada y arruinada.
A los daños materiales, que las autoridades cifran en más de 650 millones de euros (unos $910 millones) se suma el drama de los miles de damnificados, sumidos en una situación de duelo emocional y conmoción que solo ellos pueden describir.
“¿Tu familia está bien? ¿Qué color tiene tu casa?"... (por la señal verde o roja que pintan los técnicos en las fachadas, según sea la vivienda habitable o no) son las preguntas que preceden en Lorca a cualquier saludo entre conocidos desde que ocurrieron los terremotos.
Esta escena se repite, entre abrazos, desde hace siete días y transcurre por calles llenas de escombros, ruidos de demolición, cintas de precinto policial, chalecos de la Cruz Roja, cascos de bombero y camiones del Ejército.
El código de colores (verde, amarillo y rojo) identifica la condición estructural de cada uno de los 4,100 edificios de Lorca, producto de sucesivas revisiones técnicas que no terminan de ofrecer las certezas absolutas que demandan los vecinos.
Aún son pocos los que han decidido regresar a sus hogares, pese a que para ellos se haya encendido el semáforo verde que permite la habitabilidad de su casa, y los desplazados a otros municipios desde el día 11 se cuentan por millares, pese a que el ayuntamiento no dispone de cifras oficiales de expatriados.
Las 1,049 personas censadas en La Torrecilla recibieron un carné numerado.