TODOS LOS países de la América hispana celebran la Semana Santa con peculiaridad y características propias. La tradición heredada de los católicos del Viejo Mundo caló hondo en el pueblo americano y hoy, más de 500 años después, es un festejo humano y solemne que acredita la fe profesada por cientos de millones de personas. He aquí un recorrido por algunas de ellas.
Casi tres millones de mexicanos se congregan cada año en las estribaciones del Cerro de la Estrella en Iztapalapa, una barriada al sur de México D.F., para rememorar la Pasión de Cristo, un espectáculo vivo en el que participan más de 6,000 personas.
La Pasión de Jesucristo en Iztapalapa es famosa desde hace 172 años. El que da vida a Cristo debe cargar una cruz de más de 75 kilogramos a lo largo de tres kilómetros, desde la plaza central de Iztapalapa hasta la cima del Cerro de la Estrella, centro de la crucifixión y antiguo centro ceremonial azteca donde se hacía la ceremonia del fuego nuevo, que representaba el final y el inicio de un nuevo siglo.
La ciudad colonial de Antigua, a 40 kilómetros de la capital, celebra la Semana Santa de mayor relieve y devoción en Guatemala. En Antigua, la Semana Mayor tiene "sabor, olor y color", debido a la variedad de platillos típicos que se elaboran para esas fechas y los adornos con que se decora toda la ciudad. Empanadas de salpor, dulces de colación, bebidas, bacalao a la vizcaína, curtido de vegetales y todo tipo de mariscos, representan la cocina tradicional del país.
Las alfombras sobre las cuales pasan las procesiones son elaboradas a mano por los devotos, constituyen uno de los principales atractivos para el turista, que se deleita con su colorido y originalidad.
En El Salvador muchas son las procesiones que se celebran en Semana Santa, aunque ninguna con el brío del departamento de Sonsonate, en la zona occidental, a pocos kilómetros de la capital, San Salvador, donde existen pequeños núcleos de indígenas que conservan sus tradiciones.
La Semana Santa en Bolivia es peculiar por las picardías y pillerías de algunos católicos convencidos de que, muerto Dios, no puede darse cuenta de los pecados cometidos el Viernes Santo.
En las ciudades, muchos se sienten tentados de hacer lo prohibido porque Dios, desde la muerte, no los puede ver.
Latinoamérica en Semana Santa
Desde México hasta Bolivia, son muchas las personas que viven varios días de plena fe.