El presidente del ultraderechista Frente Nacional (FN), Jean-Marie Le Pen, fue reelegido ayer en su cargo, por aclamación, en el XII Congreso de su formación. El congreso, abierto en Niza (sureste), finalizará mañana, al cumplirse un año de la primera ronda de las elecciones presidenciales de 2002 en la que Le Pen eliminó de la carrera al entonces primer ministro, el socialista Lionel Jospin, antes de ser derrotado en la segunda vuelta por el neogaullista Jacques Chirac.
Le Pen, de 74 años, era el único candidato a su propia sucesión al frente del Frente Nacional. Recibió el apoyo unánime de los delegados departamentales que votaron con pancartas tricolores.
Poco antes, unas mil personas, según la Policía, se manifestaron en Niza, sin incidentes, en protesta por la celebración del congreso de la formación de ultraderecha en esa ciudad de la Costa Azul.
En la protesta, convocada por grupos de izquierdas, asociaciones y sindicatos, y que tuvo lugar bajo una estrecha vigilancia policial, los manifestantes corearon "Le Pen, lárgate y llévate a Peyrat", en alusión al alcalde conservador de Niza y ex ultraderechista.
Un año después del seísmo electoral del 2002 en Francia, la izquierda sigue sin líder ni estrategia, la derecha ha impuesto la unión sin cerrar sus luchas intestinas, y el electorado no está convencido de que los políticos hayan aprendido la lección. En la izquierda, impera la descomposición. La ex mayoría plural, cuyas componentes han analizado las causas de su fracaso colectivo, sigue sin líder, sin estrategia, sin doctrina.
El jefe del Partido Socialista (PS), Francois Hollande, afronta un difícil Congreso en mayo. Con su liderazgo disputado, deberá buscar una dinámica reformista, que permita al PS recuperar al electorado popular, reanudar los lazos con los sindicatos, abrirse a la sociedad civil y alumbrar una nueva doctrina.